Versos
de la obra inédita
El único vuelo
de Sonia González
La
flor roja
abre lentamente su carne Cada
día
ella se ofrece un poco y un poco
cree en los buenos oficios
y así se inmola
Un
pez la mira
Pierde su cola
No
come
No nada vertical
No se inclina
¿Podrá
la flor con tanta naturaleza
y aún así
hallar su muerte
en el precipicio de abrirse
o en la dulzura de quedarse
atascada
en ese cristal que la observa?
La
flor roja
abre lentamente su carne
Cada
día
ella se ofrece un poco y un poco
cree en los buenos oficios
y así se inmola
Un
pez la mira
Pierde su cola
No
come
No nada vertical
No se inclina
¿Podrá
la flor con tanta naturaleza
y aún así
hallar su muerte
en el precipicio de abrirse
o en la dulzura de quedarse
atascada
en ese cristal que la observa?
Leche de la mañana
breve milagro
que sucede
a la mitad del mundo
cuando en la olla
se vierte
la sed de haber hecho
lo que nutre y obra
leche
que hago con semillas
hierve con lentitud
y decanta el fuego
que se debate
entre tanta celebración
Se amanece
a partir de la sal
con
delicado asombro
la luz nos sorprende
la
ventana es el cielo
el
borde del abismo
una cuerda
que sirve como altar
cada
gota
está sudada en los campos de la tela
la
piel es una sábana
el
alma
libre de ser me vence
A espacios sordos
canta
la grulla de la selva
que quedó enredada en mi pelo
Yo
vigilo
todos los días
que ella coma su alimento
y continúe allí silenciosa
haciendo pequeños ruidos
golpeados contra el pecho
Hemos
soñado
con el único vuelo
No quepo en el humo de la mano
no quepo en la miseria de contar
ni en un puente
que quedó atrás
ni en una orilla alcanzada
ni en la luz inconstante
Esas
piedras que guardé
en la oscuridad de una caja
por años
vuelven a relucir
en el hielo de un bolsillo
y en el brillo empuñado de los ojos
Vuelta
a Sonia González
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