
Foto: David Maris
Vuelta
a
Sonia Chocrón |
Sobre
la autora
El
Diario de Caracas, Bajo Palabra - 5 de julio de 1992
Toledana:
el castellano de antes
Harry
Almela.
Poeta, crítico
Una
de las reflexiones fundamentales que se gestaron a comienzos de
los ochenta, acerca de los posibles nortes y características
de la poesía venezolana, colocó en la mesa de discusión
su relación con otras modernidades literarias. Por ejemplo,
el Grupo Tráfico intentó cancelar , por la vía
declarativa, el visible vínculo de gran parte de nuestras
poéticas con la literatura francesa y alemana. Todo ello
(manifiesto dixit) en pos de una expresión que estuviese
más cerca de lo Hispanoamericano, así en mayúsculas.
Sin
desechar la gran tradición de la Modernidad de aquellas literaturas,
los escritores jóvenes (incluso más allá de
Tráfico y Guaire) rescataron a partir de ese momento, para
ellos y para los lectores, las mejores voces de la literatura inglesa
contemporánea, por un lado. Por el otro, volvieron sus ojos
hacia los clásicos de España (desde las literaturas
anteriores al Siglo de Oro hasta los llamados poetas venecianos,
pasando por Jorge Guillén, Cernuda y lo mejor de Aleixandre
y Alberti). Estimo que la parte más sana de estas poéticas
–desde la más decididamente inglesa hasta la más
arriesgadamente española- reposa en las páginas de
Rafael Arraiz Lucca, Miguel Márquez, Yolanda Pantin y Armando
Rojas Guardia. Cabe señalar que los tres últimos indiciados
recrearon a todas las intenciones del Manifiesto. Y esta búsqueda
(para utilizar el vocablo preferido por cierta crítica) transformó
positivamente el panorama de nuestras letras y la influencia de
sus logros todavía se mantiene, aun a riesgo de convertirse
(a mediano plazo y como todo espacio estético conquistado)
en un ismo más y en mera retórica.
Creo
que todavía está por estudiarse a fondo este ponerse
al día que caracterizó ciertas poéticas de
comienzo de los ochenta. Pero toda esta reflexión viene a
tono con el libro que hoy nos ocupa: Toledana, el primer poemario
de Sonia Chocrón, merecedora de una recomendación
de publicación en la pasada edición del Concurso de
FUNDARTE. Porque si algún parentesco deseo establecer es
precisamente con el de la literatura española de los siglos
XIII y XVII. Este poemario es la expresión de la inquietud
por recuperar, para beneficio de nuestras poéticas, las resonancias
de la parte más culta de nuestro componente y tradición
hispánica, sea por la temática que toca, sea por el
tratamiento del idioma.
Este
poemario consta de 32 textos presentados en tres partes. Cada una
de ellas está precedida de sendos epígrafes de Rosalía
de Castro, del Cantar de los Cantares y de Gabriel Bocángel,
relacionados de manera oblicua, pero sobria, con el contenido general
de los textos, con la historia que desean contar, Y aquí
se nos revela el primer valor del trabajo. Su eficacia en contar
una historia, echando mano del recurso propio del guión:
montar un escenario, colocar a los personajes, dejarlos hablar y
definirse por sus acciones. El libro recrea la antigua historia
acerca de los amores del Rey Alfonso VIII y la judía de nombre
Raquel, asunto explorado por algunas piezas dramáticas de
sobrada resonancia en la literatura española. Ambientado
en la ciudad de Toledo, el poemario va tejiéndose entre el
drama y la realización de un paisaje apropiado para la expresión
del libro. Sin embargo, este no es el rasgo más resaltante.
A nuestro juicio, el poemario recrea con intensidad un castellano
culto que sabe equilibrarse entre el lenguaje propio del siglo XIII
(época en la cual se desarrolló originalmente la historia),
el siglo XVII (en el cual se convierte en tema para la literatura)
y el vocabulario contemporáneo. Aquí radican los valores
estelares de Toledana.
El
poemario sabe utilizar con prudencia la rima clásica cuya
modesta presencia aquí y allá brinda al texto un ritmo
intenso, particular. Su lectura hace presumir, además, un
conocimiento en profundidad del aspecto melodioso de la lengua:
...
He dos mirlos muy despiertos por mirada
que aferrada al oriente está esperando
de una espera que es laguna adormecida
el retorno a la tierra prometida...
O también:
...
Eran dos aves que tomadas de los picos
por una ley entre ellas entendida
uniendo sus dos cuerpos como esfera
batían cuatro alas agoreras
¿Y quién sabría si ese furor tan intrigante
tenía razones o causas verdaderas
que si el cortejo era amor o torbellino
o si eran danzas de un duelo matutino?
...
...Más
su hermosura se oculta en lo aparente
Su hermosura está en lo que él presiente...
...
Impronunciable
y prodigiosa
La palabra melodiosa que en silencio
Y sin llamarte te menciona...
La
exploración de la sonoridad del idioma, el conocimiento y
manejo del mismo, puesto al servicio del desenvolvimiento de una
acción dramática coherente, imprimen al poemario un
temple que por sus riesgos merecen nuestro aplauso.
Toledana incorpora al desarrollo de la poesía venezolana,
sobre todo de aquella que refiere lo amatorio y lo erótico
femenino, un tratamiento del asunto de la renuncia amorosa con nuevos
tonos, por la relación entre fondo y espuma (como le gustaría
decir a Enrique Mujica), entre la historia que se cuenta y su construcción
dramática.
Las acotaciones hechas en los dos últimos párrafos
permiten ubicar esta obra en la línea de los libros que con
riesgo, con nuevos valores y aportes, buscan continuar la presencia
de lo español (lengua y cultura) en la poesía venezolana.
En fin de cuentas, y a pesar de la modernidad fundada en Francia
y Alemania, nuestro recurso expresivo continúa siendo el
español, esa costumbre venida del latín, golpeada
por muchos y redimida en la voz de sus poetas.
Vuelta
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