Cola
de plata
Maria Teresa Oglistri
Publicado
por la Universidad Central de Venezuela, Caracas, 1994.
Fragmentos
HOMBRE
MÁQUINA
En
las costas del Mediterráneo
reventé de amor por un galeote
creí morir y lo seguí
hasta las engañosas aguas del Pacífico:
¡Boga adelante boga!
“hombre máquina”
arroja tu cuerpo maltrecho por la borda
llega hasta mí
no temas
soy un remanso de aguas cálidas
baja hasta el fondo y sueña
sueña en mi regazo
antiguas leyendas de sirenas aladas
zigzaguear mares
almorzar batallas
pic-nic sobre espuma roja
encender hogueras
quimeras eternas
invisibles desde el faro
donde habitan los mutantes
provistos de hachas y guadañas.
Te enseñaré a no entregarte
Sin luchar ferozmente
¡No existe otra forma de entrar al Olimpo!
KASPAR
HAUSER
En esta salobre inmensidad
un extraño espécimen
ronda mi hábitat
anunciando un espléndido cortejo.
Lo advertí cuando se hundía
después de luchar en los bancos
cenagosos de la costa.
Caído desde lo alto
pálido
como muerto
reclama un espacio
en el fondo de mi cueva
tan oscura como el mundo
del que ha sido arrojado.
¿emisario
de otro mundo
llegas demasiado pronto
o demasiado tarde?
¡Es
Poseidón quien ahora me acompaña!
No porta carta alguna pero le reconozco
¡Es Kaspar Hauser!
No hay duda, es él.
¿Ehh...Kaspar,
qué buscas
quieres ser siervo
o te engañas con el holgorio del mar?
¿por qué te muestras tan seguro?
un par de chapaletas
una máscara de plástico
y un tridente oxidado sólo sirven para apalear focas.
No
vale la pena hurgar esos escombros
bártulos inútiles recuerdos enmohecidos
ni seguir hacia el noreste
como indica la brújula que hay en la bitácora
y esos libros,
querido Kaspar
son sólo literatura.
AMANTES
Me
he apareado con muchos animales
No siempre de mi especie:
Una
vez un león de mar
al sur de Nueva Zelanda
me cortejó y quiso incorporarme
a la docena de hembras de su harén.
¡No fue posible entender tantos dialectos!
Una
horrible foca elefante
abrió su prosbóscide hinchable y bramó
sonoramente antes de comenzar a luchar
por mí con un adversario.
Esa foca murió joven.
Una
ballena gris me enamoró
A orillas de California
nadamos largos trechos
golpeando aleta con aleta en el retozo
fue el despertar lo semejante.
¡Me abandonó por una morsa!
Cuando
ya sucumbía brotó de las aguas un hermoso delfín
aprendimos cronometrados
a romper la superficie el uno lanzado
sobre el otro en un abrazo de aletas
hocicos y chirridos de gozo.
Se fue tras la madre en el invierno.
Los
manatíes y dugongos
jamás mostraron interés
son vacas marinas que sólo saben comer.
Una
espantosa orca
espió largos años mi sueño
hasta sorprenderme con un resoplido nauseabundo.
Casi logra silenciarme para siempre.
¡Y
ni hablar del tiburón
ese es un depredador
de quien nunca me ocupé!
INVERNADERO
Y
no me queda más que lucrarme en su orfandad
adoptarlo
construirle un templo
un invernadero en el armario
embalsamarlo
en ledifolias
conservarlo en salmuera
con todo y nubes azules
(bacterias fosforescentes)
en un ánfora de oro y plata.
Teme
ser engullido
y yo temo hacerlo.
¡Es
tan fuerte el instinto!
PENÉLOPE
Algo de pez hay en él
que me obliga a desposarlo
con un ritual ancestral y antropófago.
Tragarlo
para salvarlo
dentro de este sinuoso vientre
tejerlo de nuevo hombre
con fuertes alas de Ícaro
tejer y destejer según convenga:
tejerlo pez
destejerlo gaviota
tejerlo argonauta
destejerlo pelícano
tejerlo cometa
destejerlo albatros
Elevarlo
hasta el Everest
Sobre el Himalaya
Lo
más alto lo más alto
ÁMBAR
GRIS
¿El
eco de mi cuerpo te atrae desde tan lejos?
Me sigues implacable
Dispuesto a darme muerte
¿Acaso debo resistir?
Una
sola caricia
te haría enloquecer
perder en la niebla de los tiempos
fijar recuerdos de infancia
petroglifos
de carey
brillan sobre el mercurio de las aguas
codiciado Ambar Gris eres mi muerte
perfume esencia
amarra vida.
Ballenero,
no te entiendo
Una sola caricia de cetáceo
Te haría débil
Manso
Casto.
Pierde
el miedo
Y arroja sin temblar el arpón de plata
Vuelta
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