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Fernando Núñez Noda

Vuelta a
Fernando Núñez Noda

Un cuento de la obra inédita
Otro inquilino de Plaza Odot
de Fernando Núñez Noda

LA RETROSPECCIÓN GENÉTICA, RELANZADA

La Retrospección Genética (Genetic Retrospection), también llamada en español “retrogenética”, fue fundada a principios de 1956 por un misterioso doctor hindú y desarrollada en los Estados Unidos y México desde entonces, con escuelas dispersas en Europa y Asia. En su momento tomó el mundo científico por asalto. Pero su ímpetu menguó y pasó al olvido. Ahora se ha relanzado. Luego de cincuenta y tres años. La llamada “generación X” y la “Z” también han resucitado el interés en esta extraña disciplina y extendido su dominio de la fría genética y biología a terrenos más actuales, como la cirugía de piel o el aprendizaje dodecaédrico. Ya desde sus inicios algunos políticos lo habían hecho un tópico de airada discusión e incluso los programas televisivos se burlaban de la RG (o GR en inglés). Pocos y la opinión pública menos entendieron jamás qué significaba la RG para el conocimiento y la sociedad en general. Ahora ¿qué es la RG? ¿Constituye realmente un cuerpo de indagación histórica y biológica? Intentemos una aproximación.

La RG, al menos la original fundada por V.I. Shahartan, afirmaba que en el ADN de una persona hay un registro preciso de una porción de la historia humana. Se puede expresar así: cada persona tiene en sus genes el registro sensorial-interpretativo de sus antepasados tan detallada como ésta misma persona imprime la suya en su ADN. Shahartan calcula que hay un 45% efectivo de contenidos mentales de cada individuo en el ADN de sus sucesores. Es un cálculo especulativo, pero que ha despertado la curiosidad de algunos investigadores actuales, si no por su precisión, al menos por su audacia. La cercanía generacional no vale tanto en la RG. Casi los mismos contenidos tenemos de nuestro padre o madre que de la generación 40 o 50 hacia atrás. El cerebro, principalmente, pone estos contenidos en perspectiva, pero nada tiene que ver con la cantidad y calidad de los pensamientos guardados en la “memoria transcerebral”. La calidad y detalle de los contenidos es tan alta para “hace un segundo como para el siglo III” al decir de Shahartan. La RG considera que la memoria no está en el cerebro, sino distribuida en el material genético, por un lado, que contiene las instrucciones y en las sub-partículas atómicas y los cuantos que la encarnan, por otro. El cerebro es un depositario temporal de información, jerarquizada para servir a su portador en el curso de su vida biológica. “El cerebro está hecho para dar primacía a la propia memoria”, de acuerdo con el exótico médico indostano. De otra forma, se presume que navegaríamos en un mar de sinrazón. Al decir que solemos usar menos de 10% de nuestra capacidad cerebral, para la RG queremos decir: “El cerebro representa menos de 10% del total de contenidos al que tendríamos acceso si pudiéramos penetrar ese infinito e infinitesimal mundo de nanoinformación”. Para Shahartan hay una forma de llegar a esos contenidos: la Retrospección Genética. Su libro, paradójicamente relegado por “best—sellers” de los setenta y ochenta, como “Sexo y RG” o “El millonario RG”, es explícito respecto a cuán aproximada y difusa es esta propuesta. Dice en “RG: perspectiva de memoria total” (Opus Supo, reedición 2007): “Si podemos vivenciar los contenidos atávicos registrados por antepasados concretos, se podrían recrear percepciones y sensaciones reales ocurridas... la verdadera máquina del tiempo”.

¿Qué quiere decir el profesor? Pues que las imágenes, sonidos, olores y sensaciones táctiles que un antepasado logró imprimir en su material genético, están intactas en el nuestro. Que si recobramos esos contenidos y los ponemos en la conciencia podríamos ver y escuchar, por ejemplo, a Alejandro Magno, como si lo viviéramos. Y no es ver una imagen difusa, como un daguerrotipo movido, sino todos y cada uno de sus rasgos, en colores y en tres dimensiones. Cómo movía la boca al hablar, la caries en una muela trasera, cada ornamento de su armadura, las partículas de polvo que se levantan sus pasos... ¡ah! y una sensación aterradora, por ejemplo. Quiere decir que el “impresor” de esa imagen sentía terror al frente de Alejandro de Macedonia, quizá un prisionero o alguien que tenía razones para temblar. ¿Podría saberse? Sí, con una “cadena retrospectiva”, la posibilidad de extender lo percibido hacia delante o hacia atrás.

EVENTOS ENCADENADOS

La cadena retrospectiva no está muy bien definida en el libro de Shahartan (un trabajo de ascenso profesoral publicado por su universidad) y fue diluida en decenas de interpretaciones no mencionadas para no aburrir al lector. Baste saberse que no ha habido consenso sobre qué era realmente una “cadena retrospectiva”. En el sentido Shahartiano, se trata de una secuencia de contenidos que constituye un suceso real registrado. Digámoslo así, la “filmación” que realizó un humano con sus ojos, sus oídos y su cerebro, impreso en el material genético como secuencias, como continuidades, tal cual fue archivado por su autor. Esto suena fácil, pero resulta tremendamente complicado de representar. Shahartan afirma que “quedaríamos impresionados al ver cuán vívida es esta memoria retrospectiva, que se alimenta del pozo más profundo y detallado sobre el pasado humano: el parque genético mismo”. Sólo que fragmentado, desunido, con piezas en “perspectivas asimétricas”. Algunos estudiosos de la corriente “RG Este”, desarrollada en Nueva York hacia 1960, afirman que la cobertura de la memoria excede incluso el material genético mismo y extiende su ámbito hasta formas de “vida circundantes”. Ilustraré. Si un cuerpo lo necesita puede colocar partículas de memoria en el estómago o en la palma de la mano. (Esta gente hablaba de ADN cuanto todavía ni nacía la Era de Acuario). Pompilio Bof, un músico adscrito a tal corriente diletante y esteticista, indica que “La memoria musical” es “memoria—en—el—tímpano”. Es decir, un “contenido connotado” en el tímpano, de modo que cuando se oye otra vez hay una correspondencia entre la canción y la memoria que ya teníamos de ella. Si esa música suena a lo lejos, distorsionada y disminuida por la distancia, podemos subir el volumen a la reproducción total, a la grabación de alta fidelidad que ya tenemos”. De modo que la RG lleva a “levantar” los datos de la “memoria total”, tal cual fue impresa en el genoma y proyectarlos como si los estuviésemos viviendo. Bueno, depende. Podemos proyectar data sin mayores emociones implícitas o “memorias connotadas”, ello es, acompañadas por sensaciones concretas de ira, miedo (como en el ejemplo alejandrino) o amor. Se levantó una temprana polémica sobre esta “memoria total”, porque muchos observadores se preguntaban: “¿Qué significaba esa totalidad, si acaso es posible?”. Shahartan contestó con un concepto muy ingenioso, que podría traducirse como “gamelote retrogenético”. Las cadenas retrospectivas contenían, sí, a Alejandro y al abuelo Juan, pero entre esas claridades yacía una vasta selva de contenidos inentendibles o irrelevantes. “Aquí crece el jardín de la infancia y del sueño”, decía Shahartan, “esas miles de horas que el bebé utiliza para formar su cerebro e inyectarle datos; los mil paisajes de Oneiros, con pesadillas y todo; los momentos calmos, la distracción, los actos intrascendentes...” Por eso, a despecho de un optimismo final, Shahartan concluía que lo bueno de uno siempre es menos de la mitad de uno. He aquí un indicio de porqué. A lo largo de la prosa shahartiana, se nota el uso reiterado del verbo imprimir. Para los acólitos del RG la acción de imprimir excede su acepción corriente. Shahartan lo empleó como metáfora fácilmente comprensible. La gente leía libros y periódicos, si acaso iba al cine, la TV era nueva. Imprimir lo entendía todo el mundo. Veo una nube. La imprimo. Escucho un sonido. Lo imprimo. Sin saberlo, por pura manipulación del material genético. El término fue exitoso y la gente, en cócteles y seminarios, quería imprimir y proyectar. Se vendieron más libros sobre proyectar que sobre imprimir. Shahartan, al final, jamás pensó que su teoría tendría resonancia. En cierta forma, murió sin verlo. Tuvieron que transcurrir casi sesenta años para que los muy pálidos éxitos iniciales de la RG se trocaran en fenómeno de masas, en auténtica tendencia y, para algunos ¿exagerados?, “proceso definitorio de la evolución humana”.

Tan reciente como hace cinco años, la RG ha sido redescubierta por los genetistas, cuyos estudios del genoma se enfrentan a una masa de datos abrumadora y capaz de replantear permanentemente la disciplina. Estos investigadores han encontrado en la RG un mapa para acercarse a esas interacciones de altísima complejidad. Un mapa, no “el” mapa. Dicen que la mayor computadora construida hasta ahora (la ThinkAll 1.0) se queda corta para penetrar este racimo de racimos de constelaciones de data infinitesimal, del tamaño de sub-partículas. Shahartan concluía que los “bits” de su sistema (tomado de la teoría matemática de la comunicación de Claude Shannon (1948) eran del tamaño de protones o incluso subpartículas. Lo más pequeño que conocemos. Eso significa que hay espacio de sobra para guardar, rigurosamente, los contenidos impresos por una centena de generaciones. La imagen de Alejandro está impresa “en un espacio no mayor que la milava parte del ojo de un mosquito”. Toda su cadena retrospectiva, lo que esté dado a ser conocido! El problema es el acceso y la completitud de las piezas: lo intenso queda pero es poco y pequeño, lo no relevante se desvanece y el resto es gamelote retrogenético. Shahartan y otro brillante seguidor, Evanan Lasser en Inglaterra, abrieron una puerta. Pero advirtieron que sería como el lecho del mar: es fabuloso, oscuro, rico pero no hemos llegado allí. Apenas enviado unas tímidas cámaras amarradas por larguísimos cables.

PENSAMIENTO UBICUO

Lasser teorizó que todo el cuerpo piensa y que el cerebro es sólo el órgano más concentrado en materia pensadora. La actividad va desde el capilar hasta una bacteria errante. Comenta en el artículo “La piel pensante” de 1966: “El cerebro distribuye su pensamiento en la totalidad de sus células, cromosomas, átomos, “quarks” esa denominación reciente de los más diminuto ¡y no le es suficiente!”, comenta este seguidor del hindú, que ligó el inconsciente colectivo del austriaco con este sistema preciso y unívoco. Incluso apoya la idea de algunos antropólogos sobre la computación e Internet: son una exterioridad evolutiva del cerebro, una forma de extender su dominio fuera del cuerpo. “Memoria y conciencia incrustadas en lo no-viviente”, al decir del refinado pupilo.

Lasser se suscribe a la tesis shahartaniana de la RG que usa la física de partículas para poder manejar sus “letras” o sus “bits”. La teoría de información era debatida, para los fogosos 1970s de Lasser, más en terrenos ideológicos que matemáticos. El autor, que prefiguró lo digital como el lenguaje del futuro, había relacionado ese mundo de bits con la escritura interna de la RG. Para usar nomenclatura de su maestro, con la impresora que plasma los fenómenos del mundo en la vida misma. Claro, Lasser fue fundador y luego disidente de RG Este, más medicinista que la californiana. Llega hasta afirmar que “la memoria puede ser puramente energética”, residente en ondas, en fotones, en formas de energía que prescinden de la particularidad. Esto enfrentó un poco a los fundamentalistas que acusaron a Lasser de dejarse llevar por tentaciones paranormales. Lasser también potenció el concepto de la RG como “máquina del tiempo”.

— ¿Se puede viajar en el tiempo? – le interrogó un periodista en 1973.
— Claro que sí, pero no se viaja física sino informacionalmente. Las pruebas iniciales de hipnosis eléctrica nos han sorprendido. Un voluntario egiptólogo, por ejemplo, describió una urna egipcia. Luego de intensa búsqueda se encontró la pieza en un museo europeo. El hombre logró dibujar todos y cada uno de los detalles de aquél sarcófago.
— ¿No lo habría visto antes?
— Si usted conociera ese sarcófago no me haría la pregunta. Estuvo día y medio describiendo al menos la mitad de los 2 mil detalles que caracterizan la urna de piedra. Y eso está ocurriendo en este mismo momento en decenas de lugares del mundo, con dinosaurios, antiguas batallas, los rostros de la historia.
— ¿Es cierto que han resuelto el asesinato de Kennedy gracias a un descendiente de Lee Harvey Oswald que conectó con la cadena retrospectiva que su bisabuelo?.
— No, no sabía nada ¿dónde publicaron eso?

Como se puede apreciar, Lasser era un entusiasta de la RG, un militante. Nunca escondió que las implicaciones para el conocimiento, en su visión, eran ciertamente terroríficas y pondrían a los moralistas en ascuas, pero tampoco insistió mucho en ello y se centró en los factores positivos. Por ejemplo, algunas herencias genéticas serían informacionalmente más convenientes que otras. Imagine un examen en la Universidad, física teórica, la relatividad. Un alumno estudió mucho, pero sus antepasados prefirieron los deportes. Otro, que se emborrachó ayer y antes de ayer, es descendiente de Einstein y capta en su genoma la explicación de su antecesor a ese específico problema. Adiós mérito, adiós búsqueda de conocimientos. Interrogado por un estudiante al respecto Lasser exclamó: “Sortogenético”, lleno de “suerte genética”...

LOS MORALISTAS EN ALERTA

Claro, a los moralistas lo que más les aterra es que los niños conecten, porque podrían ver todas las perversiones sexuales de sus antepasados. Como cabe suponer, ha sido el sexo la verdadera fuerza motora del crecimiento del RG mundial. Lo dijo Fabricio Lollordo en su “Moral RG”: “La vulgar búsqueda de pornografía tridimensional producida en los últimos cinco mil años”. Les alentaba la falta de resultados medidos, ya que las conexiones voluntarias no habían ocurrido todavía, aunque sí en forma aleatoria, con patrones desordenados pero íntegros, en adultos con cocientes intelectuales superiores a 120. Los niños estaban todavía lejos en 1960 o 70. Ah, pero ahora... al decir de Lollordo, “que ya nacen con los ojos abiertos y balbuceando. Las técnicas, ustedes saben, acelerarán el proceso y seguimos [los moralistas] pensando que pronto los púberes y adolescentes estarían viendo mujeres desnudas desde Sumeria hasta el presente.” Mientras tanto miles de adultos probaban infructuosamente conectar para vivir el erotismo sin fin que contenemos. La RG impactó todos y cada uno de los terrenos morales. “Esta disciplina implica una disminución de la cotización de la reencarnación en la bolsa espirituosa del mundo”, afirmó el famoso católico cientificista Jean Matti a finales de los 80. Para él y otros estudiosos de lo paranormal, la reencarnación existiría, “pero dentro de la propia vida y sólo allí, para cada individuo”. Cuando se experimenta esa impactante y terrible presencia del Bicorne, ocurre una reencarnación, pero no de cuerpo, sino del pensamiento de un testigo presencial de hace más de dos mil años a nosotros. Hubo, como siempre, escándalos religiosos y uno en particular enfureció al mismísimo Jean Matti. Un disidente venezolano, excomulgado, a quien llamaban el “Monje Loco” se aventuró a decir que las visualizaciones y experiencias místicas eran la salida repentina, por emociones de fe, de datos RG que registraron martirios de santos, grandes actos de fe y –más polémico— al mismísimo Jesucristo. Isabella Dun, la gran traductora de los poemas surrealistas de un Shahartan senil, afirmaba descender de Santa Cecilia y que ésta le susurraba al oído algunas frases y oraciones. Para el Monje Loco, muchos sin saberlo tenían en su genoma esas imágenes, de Cristo mismo o de Buda si fuera el caso, y surgían como iluminaciones porque eran testigos del resultado pero ignoraban la casuística. La iglesia atacó al Monje Loco aunque, por supuesto, no pudo excomulgarlo otra vez. Se abusó de la RG y los sicólogos “encontraron” la causa última de muchas enfermedades humanas. Las adicciones, por ejemplo, son una sobreimpresión de la experiencia enfermiza en el genoma, ello es, el placer de la satisfacción etílica, sicotrópica o de cualquier índole. Imaginemos los argumentos en la corte para liberar a un asesino o para justificar una infidelidad. Fueron decenas de teorías, en su mayoría fraudulentas, acerca de cómo viajar a lo largo de las cadenas retrospectivas. Para Lasser era posible el viaje en el tiempo hacia el pasado recóndito, aunque no diera mayores detalles sobre sus características y método (murió hace cuatro años, a los 88 años). Otros se han apresurado a postular sus respectivos sistemas, el mismísimo Monje Loco tiene un largo ensayo dedicado al “deja vu”.

NOTA AL PIE DEL DESIERTO

Una propuesta muy popular es la de Tito Córdoba, un médico mexicano adscrito a la escuela californiana, que utilizó peyote para estimular los retrocesos. Si bien él y sus discípulos, voluntarios en experimentos que se realizaban en pleno desierto de Sonora, basaron en la exacerbación de la conciencia este intento de conexión, sus conclusiones son sorprendentemente lúcidas (¿una paradoja?). Para Córdoba, a pesar de la exactitud de los contenidos, hay una inevitable manipulación por parte de quien viaja. El espectador de Alejandro puede mover su cabeza a los lados y ver girar el cuerpo del emperador, en una simulación o reconstrucción puramente cerebral. Lo que halló el mexicano en sus experimentos es que el “retrotraído” tiende a involucrarse inevitablemente en la escena que vive, sobre todo por las sensaciones prestadas. “¿Se puede cambiar el pasado?”, le preguntó un reportero a Córdoba. “Sí, pero es una ilusión que depende del grado de deformación en la transmisión [delta cero, en nomenclatura RG] o en la mismísima vivencia. Con decirle que uno de mis alumnos, en plena nota, dijo que “no” en su boda (ocurrida tres años antes) y yo mismo intenté asesinar a Pizarro apenas puso un pie en México”. Mas no importa cuánto se insista en cambiar lo que ocurrió, todo recobra al momento su curso original y así el alumno sigue casado y el doctor en un México hispánico. Paradójicamente, la consecuencia más conocida de la teoría cordobiana es el alucinógeno “peyotín”, un compuesto sintético que se mezcla con cigarrillo o tabaco y emula al cactus sagrado en todo tipo de ambientes, desde ancianos “new age” de Miami, escolares en Holanda o buscadores espirituales del Tibet. La DEA norteamericana estima que dentro de cinco años el peyotín igualará en volumen lo consumido en cocaína y ácidos. Shahartan ciertamente habló de los estados alterados de la conciencia, pero jamás de estimulaciones biológicas sino, más bien, externas y tecnológicas. Léase: la hipnosis electrónica. Se lograba con una combinación muy compleja de tecnología e inyecciones de drogas, en este caso legales. Shahartan dejó estas consideraciones a medias y ya sabemos bien de su auto-exilio del mundo científico, en los cincuentas y su oscura muerte hacia mediados de los 1960s. A cincuenta años de su formulación inicial, el Instituto Politécnico de Toulouse, Francia, logró por fin desarrollar un sistema completo y funcional de hipnosis electrónica. Consistía en electrodos que se insertaban sutil pero físicamente en el cerebro, un escáner cerebral 20 veces más sensible que los convencionales y una miriada de pequeños agentes microscópicos que se inyectaban al voluntario, junto a una nueva droga llamada “Eregón” que predisponía, según sus creadores, la conexión y proyección. Los franceses comenzaron a levantar datos por demás enigmáticos y fascinantes, todavía muy poco disponibles al público. Los norteamericanos añadieron una posibilidad muy sugerente: la grabación de los contenidos atávicos en medios externos, en soportes de cristal sintético para luego verlos y escucharlos en estéreos y televisores. Todas las grandes industrias querían su tajada en el que, según la revista Fortune, será un negocio “cinco o seis veces mayor que la computación personal misma”. Pero ¿pueden registrarse los contenidos (al menos los simples) en un medio magnético? Se ha avanzado mucho en la traslación de data RG a discos duros, por medio de una compleja digitalización llamada RG binario, desarrollada en el Valle del Silicio a mediados de los ochenta. El grupo de jóvenes que lo trabajó logró cotizaciones inimaginables en la bolsa Nasdaq, luego quebraron y ahora son otra vez una “powerhouse”. Sus resultados preliminares ofrecen contenidos impresos, capaces de ser manipulados por computadoras. Lamentablemente los resultados eran pobres, las imágenes muy difusas, los sonidos casi inaudibles... pero había algo. El espíritu científico (¿o sería el mercantil?) tenía una gran fe en el desenvolvimiento de la RG en estos ámbitos. ¿Una prueba? El ArgoNator 1.0, que venía con unos chupones y cables que se colocaban en la frente y otras zonas de la cabeza para conectar y, supuestamente, proyectar. Hasta ahora sólo produce unas líneas coloreadas, de los cuales el software hace todo tipo de análisis. La revista Fortune prevé películas y canciones ancestrales sacadas del genoma y luego amplificados, editadas y mejoradas en computadora. Una fábrica infinita de clips de video, fotos y sonidos, todo en 3D. Uno mismo como fuente de ¿entretenimiento? No podría mencionar siquiera una pequeña fracción de las miles de implicaciones que la RG tiene para el mundo. Los primeros resultados se esperan, según sus "profetas", entre cinco y diez años. Todo lo demás han sido ligerísimos atisbos o puro y simple fraude. Porque ¡vaya que lo hubo! Y la desilusión de los engañados, los frustrados o los impacientes tiene mucho peso en el escepticismo que profesa tanta gente hacia la RG, por no hablar de un franco desprestigio. Pero, afirman los entusiastas, los resultados hablarán por sí solos y la disposición y la fe de otros tantos, hacen que la RG esté todo menos acabada. De hecho, todo lo contrario.


ENTRE LA ERUDICIÓN Y EL MERCADEO

Por eso y por más, la RG ha sido relanzada. Se creó el Instituto Mundial de RG, unión de las instituciones dispersas en América, Europa, Asia y ahora Australia, sacudida por el entusiasmo “erregético”. ¿Han oído sobre el “canguro RG”? Hay unos 5.200 sitios Web alusivos al tema. El 22 de junio se ha declarado Día Mundial RG. En el Epcot Center de Disney World hay un pabellón sobre la disciplina, con un muñeco electrónico de Shahartan y un telescopio oscilante que apunta al corazón y luego a la cabeza. El muñeco repite su celebre frase: “La RG consiste en ver panorámicamente lo muy pequeño”. Lasser viste una bata blanca y se lleva los dedos al mentón. Arriba, un maniquí de Córdoba pasa volando, montado en un cáctus-caballo, sobre la estructura de plástico, para dramatizar sus arrebatos sicotrópicos. Hay un nuevo gurú. Hindú también, radicado en Brasil: Majá Vishnú, un brillante empresario que había llevado la magia del software de su país al coloso suramericano, con resultados todavía tibios. Vishnú, llamado coloquialmente “Majinho”, sin embargo encontró una oportunidad en la RG. Creó la Escuela Operativa de Bahía, orientada a la autoayuda. La RG se hacía pop y comenzó a reclamar atención de las masas agobiadas por el estrés. Majiño (españolizado), sin ninguna experiencia médica comenzó a atender gente, convertida luego en pacientes. Las filas humanas comenzaron a acumularse frente a la sede de la EOBA en Río de Janeiro. Pronto se hacía imposible ver a Majiño el mismo día, de modo que se tomaban números. Luego hubo asistentes que daban cuenta de la masa, mientras Majiño operaba desde su oficina en el último piso, si no estaba viajando entre Río, Nueva York y París. Ahora bien, sería una gran hipocresía hablar del espectacular crecimiento reciente de la RG sin mencionar la pornografía. Lamentable, pero irremisible. Majiño mismo dio el primer paso, con su célebre “Panacea sexual”, un best seller tan exitoso como criticado. Lo que pasó luego desbordó toda predicción. Se produjeron “cascos casquivanos” (un dispositivo que recubría la cabeza y conectaba con el atavismo erótico del usuario); preservativos alusivos; ungüentos que conectaban o aceleraban (no sé cómo realmente) y decenas de “métodos” cada uno más extravagante. Incluso, se descubrió después, la propia EBOA de Majiño publicó un libro bajo un seudónimo que proponía el “Kama R Sutra G” y mostraba en exquisitas ilustraciones miles de posiciones, incluso grupales. Hubo también extremismo religioso. Uno muy famoso: Aarón Evans, pastor evangélico que abrazó la RG como la verdadera Biblia y se desligó de la cuestión material, nada que ver con asuntos humanos. Evans caminaba entre la multitud, tocaba al azar a una anciana, le colocaba el pulgar en la arrugada frente, cerraba los ojos y “conectaba”: “Mi querida dama, Saraí esposa de un guerrero santo el día que cayeron las murallas de Jericó”. Y aquella gente lloraba de alegría, sin contar la anciana que casi se quedaba en el sitio de la emoción. La memoria total RG es y se mueve en un espacio tridimensional. Si a eso le sumamos las memorias prestadas, podemos imaginar auténticas reconstrucciones, tan reales, que nos harían testigos presenciales de una escena incambiable. La absoluta delicia de un voyerista. Del sexo, como suele ocurrir, se pasó a todo lo demás: al derecho, a la medicina, a la educación. Los grupos conservadores fueron particularmente beligerantes sobre el tópico “conocimiento”. Para muchos se abría la puerta prohibida, el árbol del saber. Sus meras perspectivas daban miedo: acceso cara a cara a un pasado tal cual fue percibido por nuestros antepasados e impreso en nuestros propios adentros.


EL VALLE INUNDADO

Lasser tiene una metáfora interesante, que muchos atribuyen a un intento de unificar las escuelas este y oeste de la RG de los 1970s. Ha sido llamada “el Valle de Lasser”. Pide imaginar un lago gigantesco, encallado en colosales planicies. Su agua guarece trillones de algas, plancton, microorganismos, peces y todo lo acuoso. Muchos kilómetros, más abajo, hay un valle alargado, alrededor del cual recorremos aldeas dispersas, unas pobladas y compactas, otras caseríos y a veces casas dispersas. Bien, las paredes que flanquean el lago no son regulares, ni tienen la misma resistencia, de modo que algunas se resquebrajan, otras son más bajas, la superficie del lago se escancia a través de su ladera y miles, quizá millones de ríos y riachuelos se cuelan hasta el valle alargado, llenando su base. Así se mantiene la vida en esa franja vegetal, frondosa por demás. Somos las pequeñas casas que flanquean la masa de agua; la laguna a lo largo de la hondonada es la memoria colectiva con inconsciente y todo. El lago en el tope de la montaña es la RG y Lasser proponía, nada más y nada menos, una “peregrinación [yo diría alpinismo] hasta el inconmensurable cráter lacustre y una espectacular zambullida en el agua”. Ese encuentro con el océano primigenio era la liberación, para algunos y el acabóse de la civilización tal cual la conocemos para otros. Podría hablarle por horas de otros tópicos, como los conflictos éticos que se han planteado en foros internacionales, sobre la privacidad de los muertos y el uso indebido de información. También podría mencionarles las películas y telenovelas que se han producido sobre el tema. O la teoría de la “auto-educación”... Pero concluiré con el debate esencial de la RG.

Porque actualmente hay dos corrientes dominantes de la RG: la “RG portálica” y la anti-RG. Se considera a Fabio Pollenta como el máximo representante de esta última. Sus escritos, más que análisis o ensayos, son proclamas: “Alerto para que –por favor- se unan al ejército clandestino e injustamente desprestigiado de la anti-RG, en sus casas o en nuestros escondites, se los pido, tenemos que hacer algo para salvar la humanidad. No es un clamor moralista, vaya si no lo soy. Es una simple inferencia científica: la RG funciona y, cuando sea popularizado su uso, liquidará la fina capa que envuelve la individualidad. Será cuestión de pocos meses hasta que una auténtica locura colectiva nos transforme, literalmente en zombis aplastados por una lucidez que no podremos controlar.” ¿Quiere visualizar lo que Pollenta prefigura? Imagínese abrir un túnel desde el valle de Lasser que, sin saberlo, perfore el lago y desate sus miriadas de toneladas acuosas, arrasando todo a su paso. El finado “Mariscal Tolio”, fundador del movimiento mundial pro destrucción de la RG, hoy en la clandestinidad, calculó que el curso natural de escalar la montaña y sumergirnos en la RG es de varias generaciones. Imagínese abrir esa compuerta de golpe, que es a donde apuntan todos los movimientos actuales, geneticistas, médicos e incluso siquiátricos. Pollenta, el más conspicuo seguidor de Tolio predice que, de concretarse la tendencia actual, empezaremos a tener problemas tan cerca como en tres años. Dice Pollenta: “Por eso redoblamos nuestros esfuerzos en un movimiento incipiente, pero ya internacional. Con logros modestos mas visibles. Luchamos contra un enemigo que lo tiene todo: exactitud en lo que plantea, poderoso desarrollo científico casi anónimo y una banalización que lo protege como un escudo. Cuando exponemos la terrible amenaza que constituye la RG las autoridades, medios y audiencias nos acusan de paranoicos propagadores de teorías conspiratorias.” “Ojalá lo fuéramos”, se contestaba a sí mismo. “Seríamos unos “loquitos” inofensivos. Pero lo que predicamos es inminente y será arrasador, no podremos aguantarlo. Al principio incluso parecerá emancipador y bienvenido, pero cuando las neuronas de la raza humana empiecen a sobrecalentarse, a ser cada una lo que antes era el cerebro completo... entonces comprenderemos cuánto tiempo habremos perdido.”

Pollenta es un hombre prematuramente envejecido, como cansado de predicar sin los resultados que Tolio hubiera querido para su movimiento. No obstante, es un luchador incansable. Últimamente su pesimismo no puede ocultarse, como evidencian estas palabras dichas en una conferencia: “Y saben qué, según mi propia prospectiva, no nos dará tiempo porque la RG se revela cada día mientras que su posible peligro se diluye. Tomará al mundo por sorpresa, tan descuidado como está en descubrir cuál será “la próxima gran cosa”. Todo acabará cuando los niños nazcan “erregizados”, ello es, con toda la carga de contenidos o buena parte de ella y sin los instrumentos y el aprendizaje para entenderla. Será devastador, justamente como el lago completo que despedaza la cordillera que lo sustenta y se viene abajo.” Si bien muchos no tomaban en serio la RG, ese desinterés protegía la disciplina en su indetenible desarrollo y arraigo. La destrucción de la sociedad, por el colapso colectivo de la memoria, se acercaba irremisible, fatalmente para la ARG (siglas en inglés de la Anti-RG Movement). Pero nadie lo sospechaba, porque parecía, sencillamente, una moda más, una ola como el aprendizaje dodecaédrico, la dieta fotónica o la ecología del entorno. Una corriente de tantas, mañana olvidada. Concluye Pollenta, desolado y luego insuflado de un nuevo entusiasmo: “Nuestra pobre aldea quedará arrasada. Por eso lo invito a usted, pasivamente sentado en un sofá, viendo pasar la vida sin sospechar que pronto el flujo se detendrá y, por lo menos los humanos daremos paso a los insectos como especie dominante, sí, a usted, a que se levante y ande a rescatar nuestro futuro.” Las actividades de la ARG son calificadas por muchos como terroristas (bombas a centros de investigación de RG, atentados contra científicos, saboteo a sitios Web de la disciplina). Por eso operan en la clandestinidad y se dice que tienen relación y apoyo de grupos francamente ilegales, como el IRA irlandés. Pollenta replica: “El fin justifica los medios y aquél es, precisamente, evitar el fin”. Evitar el fin como fin, buena frase. Por eso se califica a la RG como “proceso definitorio de la evolución humana”, la macrotendencia más influyente. Quienes no creen se ríen a carcajadas de estas “exageraciones” por no decir “delirios”. Pero hay gente que no sólo toma con total seriedad la RG, sino que da su vida por ella. Para destruirla, como Pollenta o para cristalizarla, como Isabella Dun, autora de fama mundial que hizo como pocos en predicar la nueva palabra. Sus libros tenían la rara combinación de erudición y capacidad vulgarizadora. Esta mujer había estudiado profusamente la obra retrogenética y había ayudado a descifrar algunos pasajes del Shahartan último, colapsado por la senilidad (luego se supo que fue Alzheimer) pero que “contenían claves importantes”. El viejo pionero había terminado escribiendo poemas muy herméticos, un idiolecto que permaneció sumergido por años en la oscuridad. Incluso desechado por incoherente, por poesía automática. Hasta que llegó Dun y “descubrió” que esas misteriosas estrofas proclamaban el advenimiento de una nueva era.

Para Dun, las líneas de un Shahartan con Alzheimer

Ayer vi... vida, frío, aire, cosmos, tierra, fuego...
Sangre, muerte, calor; atmósfera primitiva y centro, cielo e hielo.
Ayer vi una ráfaga, un cometa...
¡No! Era una ballena que volaba vomitando fuego en cuatro direcciones:
norte, norte-sur, sur-norte y norte-norte.
Se dividía en ochenta partes y se unía en un millón de roturas.

Significaban

“La RG liberará al ser humano”.

El verso, más adelante en el mismo poema

Ayer vi un sol rosado pero férrico.
De calcio pero con lava gaseosa.
Me dijeron que un buey académico jamás podrá estornudar
ocho cuatrillones de veces como una tristeza galáctica

Quería decir

“La RG es irremisible”.

Y la conclusión de la pieza

Ayer vi a un tipo que tocaba una guitarra de humo
y decía que los cachalotes de Tranquilovaquia
no dan leche sino queso rayado.
¡Lo veré mañana! Un millón de veces y partes de veces...

Era sinónimo de

“Móntese en el tren de la RG”.

De resto, Dun esencialmente habla de “la puerta”, por eso a sus seguidores se les denomina “portálicos”. Es decir, la liberación, las famosas “puertas de la percepción” de Blake, acaso la comprensión no contradictoria de los opuestos de Breton. Sea lo que sea, el non plus ultra de los logros intelectuales, la conquista de una búsqueda de conocimientos que se inicio hace más de 30 mil generaciones. Para el movimiento portálico, objeto de buena parte de las acciones subversivas de la ARG, la consumación de la RG ocurrirá pronto y cambiará la historia para siempre. Podremos ver esa Historia cara a cara, con sus cumbres y sus miserias. “La bajeza humana será evidente”, al decir de Dun. Y se vislumbra, por tanto, el surgimiento de una nueva era de lucidez sin igual, de niños que nacen con la "biblioteca abierta", de inteligencia que acaso saboree la sabiduría. Estamos a las puertas de la dilucidación del dilema, una cosa u otra, pero no la intrascendencia que mereció la RG en sus primeros 60 años. ¿Qué ocurrirá? El autor de esta crónica es tan ignorante del futuro como sus lectores. Únicamente puede prever que alguien reportará cualquiera sea el desenlace. Y fuentes no faltan: a ambos grupos les gusta contar lo que hacen.


Vuelta a Fernando Núñez Noda


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