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Vuelta
a
Fernando Núñez Noda
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Un
cuento de la obra inédita
Otro inquilino de Plaza Odot
de Fernando Núñez Noda
LA
RETROSPECCIÓN GENÉTICA, RELANZADA
La
Retrospección Genética (Genetic Retrospection), también
llamada en español “retrogenética”, fue
fundada a principios de 1956 por un misterioso doctor hindú
y desarrollada en los Estados Unidos y México desde entonces,
con escuelas dispersas en Europa y Asia. En su momento tomó
el mundo científico por asalto. Pero su ímpetu menguó
y pasó al olvido. Ahora
se ha relanzado. Luego de cincuenta y tres años. La llamada
“generación X” y la “Z” también
han resucitado el interés en esta extraña disciplina
y extendido su dominio de la fría genética y biología
a terrenos más actuales, como la cirugía de piel o
el aprendizaje dodecaédrico. Ya
desde sus inicios algunos políticos lo habían hecho
un tópico de airada discusión e incluso los programas
televisivos se burlaban de la RG (o GR en inglés). Pocos
y la opinión pública menos entendieron jamás
qué significaba la RG para el conocimiento y la sociedad
en general. Ahora ¿qué es la RG? ¿Constituye
realmente un cuerpo de indagación histórica y biológica?
Intentemos una aproximación.
La
RG, al menos la original fundada por V.I. Shahartan, afirmaba que
en el ADN de una persona hay un registro preciso de una porción
de la historia humana. Se puede expresar así: cada persona
tiene en sus genes el registro sensorial-interpretativo de sus antepasados
tan detallada como ésta misma persona imprime la suya en
su ADN. Shahartan calcula que hay un 45% efectivo de contenidos
mentales de cada individuo en el ADN de sus sucesores. Es un cálculo
especulativo, pero que ha despertado la curiosidad de algunos investigadores
actuales, si no por su precisión, al menos por su audacia.
La
cercanía generacional no vale tanto en la RG. Casi los mismos
contenidos tenemos de nuestro padre o madre que de la generación
40 o 50 hacia atrás. El cerebro, principalmente, pone estos
contenidos en perspectiva, pero nada tiene que ver con la cantidad
y calidad de los pensamientos guardados en la “memoria transcerebral”.
La calidad y detalle de los contenidos es tan alta para “hace
un segundo como para el siglo III” al decir de Shahartan.
La
RG considera que la memoria no está en el cerebro, sino distribuida
en el material genético, por un lado, que contiene las instrucciones
y en las sub-partículas atómicas y los cuantos que
la encarnan, por otro. El cerebro es un depositario temporal de
información, jerarquizada para servir a su portador en el
curso de su vida biológica. “El cerebro está
hecho para dar primacía a la propia memoria”, de acuerdo
con el exótico médico indostano. De otra forma, se
presume que navegaríamos en un mar de sinrazón. Al
decir que solemos usar menos de 10% de nuestra capacidad cerebral,
para la RG queremos decir: “El cerebro representa menos de
10% del total de contenidos al que tendríamos acceso si pudiéramos
penetrar ese infinito e infinitesimal mundo de nanoinformación”.
Para Shahartan hay una forma de llegar a esos contenidos: la Retrospección
Genética. Su
libro, paradójicamente relegado por “best—sellers”
de los setenta y ochenta, como “Sexo y RG” o “El
millonario RG”, es explícito respecto a cuán
aproximada y difusa es esta propuesta. Dice en “RG: perspectiva
de memoria total” (Opus Supo, reedición 2007): “Si
podemos vivenciar los contenidos atávicos registrados por
antepasados concretos, se podrían recrear percepciones y
sensaciones reales ocurridas... la verdadera máquina del
tiempo”.
¿Qué
quiere decir el profesor? Pues que las imágenes, sonidos,
olores y sensaciones táctiles que un antepasado logró
imprimir en su material genético, están intactas en
el nuestro. Que si recobramos esos contenidos y los ponemos en la
conciencia podríamos ver y escuchar, por ejemplo, a Alejandro
Magno, como si lo viviéramos. Y
no es ver una imagen difusa, como un daguerrotipo movido, sino todos
y cada uno de sus rasgos, en colores y en tres dimensiones. Cómo
movía la boca al hablar, la caries en una muela trasera,
cada ornamento de su armadura, las partículas de polvo que
se levantan sus pasos... ¡ah! y una sensación aterradora,
por ejemplo. Quiere decir que el “impresor” de esa imagen
sentía terror al frente de Alejandro de Macedonia, quizá
un prisionero o alguien que tenía razones para temblar. ¿Podría
saberse? Sí, con una “cadena retrospectiva”,
la posibilidad de extender lo percibido hacia delante o hacia atrás.
EVENTOS ENCADENADOS
La
cadena retrospectiva no está muy bien definida en el libro
de Shahartan (un trabajo de ascenso profesoral publicado por su
universidad) y fue diluida en decenas de interpretaciones no mencionadas
para no aburrir al lector. Baste saberse que no ha habido consenso
sobre qué era realmente una “cadena retrospectiva”.
En
el sentido Shahartiano, se trata de una secuencia de contenidos
que constituye un suceso real registrado. Digámoslo así,
la “filmación” que realizó un humano con
sus ojos, sus oídos y su cerebro, impreso en el material
genético como secuencias, como continuidades, tal cual fue
archivado por su autor. Esto suena fácil, pero resulta tremendamente
complicado de representar. Shahartan afirma que “quedaríamos
impresionados al ver cuán vívida es esta memoria retrospectiva,
que se alimenta del pozo más profundo y detallado sobre el
pasado humano: el parque genético mismo”. Sólo
que fragmentado, desunido, con piezas en “perspectivas asimétricas”.
Algunos
estudiosos de la corriente “RG Este”, desarrollada en
Nueva York hacia 1960, afirman que la cobertura de la memoria excede
incluso el material genético mismo y extiende su ámbito
hasta formas de “vida circundantes”. Ilustraré.
Si un cuerpo lo necesita puede colocar partículas de memoria
en el estómago o en la palma de la mano. (Esta
gente hablaba de ADN cuanto todavía ni nacía la Era
de Acuario). Pompilio Bof, un músico adscrito a tal corriente
diletante y esteticista, indica que “La memoria musical”
es “memoria—en—el—tímpano”.
Es decir, un “contenido connotado” en el tímpano,
de modo que cuando se oye otra vez hay una correspondencia entre
la canción y la memoria que ya teníamos de ella. Si
esa música suena a lo lejos, distorsionada y disminuida por
la distancia, podemos subir el volumen a la reproducción
total, a la grabación de alta fidelidad que ya tenemos”.
De modo que la RG lleva a “levantar” los datos de la
“memoria total”, tal cual fue impresa en el genoma y
proyectarlos como si los estuviésemos viviendo. Bueno, depende.
Podemos proyectar data sin mayores emociones implícitas o
“memorias connotadas”, ello es, acompañadas por
sensaciones concretas de ira, miedo (como en el ejemplo alejandrino)
o amor. Se levantó una temprana polémica sobre esta
“memoria total”, porque muchos observadores se preguntaban:
“¿Qué significaba esa totalidad, si acaso es
posible?”. Shahartan contestó con un concepto muy ingenioso,
que podría traducirse como “gamelote retrogenético”.
Las cadenas retrospectivas contenían, sí, a Alejandro
y al abuelo Juan, pero entre esas claridades yacía una vasta
selva de contenidos inentendibles o irrelevantes. “Aquí
crece el jardín de la infancia y del sueño”,
decía Shahartan, “esas miles de horas que el bebé
utiliza para formar su cerebro e inyectarle datos; los mil paisajes
de Oneiros, con pesadillas y todo; los momentos calmos, la distracción,
los actos intrascendentes...” Por eso, a despecho de un optimismo
final, Shahartan concluía que lo bueno de uno siempre es
menos de la mitad de uno. He aquí un indicio de porqué.
A lo largo de la prosa shahartiana, se nota el uso reiterado del
verbo imprimir. Para los acólitos del RG la acción
de imprimir excede su acepción corriente. Shahartan lo empleó
como metáfora fácilmente comprensible. La gente leía
libros y periódicos, si acaso iba al cine, la TV era nueva.
Imprimir lo entendía todo el mundo. Veo una nube. La imprimo.
Escucho un sonido. Lo imprimo. Sin saberlo, por pura manipulación
del material genético. El término fue exitoso y la
gente, en cócteles y seminarios, quería imprimir y
proyectar. Se vendieron más libros sobre proyectar que sobre
imprimir. Shahartan, al final, jamás pensó que su
teoría tendría resonancia. En cierta forma, murió
sin verlo. Tuvieron que transcurrir casi sesenta años para
que los muy pálidos éxitos iniciales de la RG se trocaran
en fenómeno de masas, en auténtica tendencia y, para
algunos ¿exagerados?, “proceso definitorio de la evolución
humana”.
Tan
reciente como hace cinco años, la RG ha sido redescubierta
por los genetistas, cuyos estudios del genoma se enfrentan a una
masa de datos abrumadora y capaz de replantear permanentemente la
disciplina. Estos investigadores han encontrado en la RG un mapa
para acercarse a esas interacciones de altísima complejidad.
Un mapa, no “el” mapa. Dicen que la mayor computadora
construida hasta ahora (la ThinkAll 1.0) se queda corta para penetrar
este racimo de racimos de constelaciones de data infinitesimal,
del tamaño de sub-partículas. Shahartan
concluía que los “bits” de su sistema (tomado
de la teoría matemática de la comunicación
de Claude Shannon (1948) eran del tamaño de protones o incluso
subpartículas. Lo más pequeño que conocemos.
Eso significa que hay espacio de sobra para guardar, rigurosamente,
los contenidos impresos por una centena de generaciones. La imagen
de Alejandro está impresa “en un espacio no mayor que
la milava parte del ojo de un mosquito”. Toda su cadena retrospectiva,
lo que esté dado a ser conocido! El problema es el acceso
y la completitud de las piezas: lo intenso queda pero es poco y
pequeño, lo no relevante se desvanece y el resto es gamelote
retrogenético. Shahartan y otro brillante seguidor, Evanan
Lasser en Inglaterra, abrieron una puerta. Pero advirtieron que
sería como el lecho del mar: es fabuloso, oscuro, rico pero
no hemos llegado allí. Apenas enviado unas tímidas
cámaras amarradas por larguísimos cables.
PENSAMIENTO
UBICUO
Lasser
teorizó que todo el cuerpo piensa y que el cerebro es sólo
el órgano más concentrado en materia pensadora. La
actividad va desde el capilar hasta una bacteria errante. Comenta
en el artículo “La piel pensante” de 1966: “El
cerebro distribuye su pensamiento en la totalidad de sus células,
cromosomas, átomos, “quarks” esa denominación
reciente de los más diminuto ¡y no le es suficiente!”,
comenta este seguidor del hindú, que ligó el inconsciente
colectivo del austriaco con este sistema preciso y unívoco.
Incluso apoya la idea de algunos antropólogos sobre la computación
e Internet: son una exterioridad evolutiva del cerebro, una forma
de extender su dominio fuera del cuerpo. “Memoria y conciencia
incrustadas en lo no-viviente”, al decir del refinado pupilo.
Lasser
se suscribe a la tesis shahartaniana de la RG que usa la física
de partículas para poder manejar sus “letras”
o sus “bits”. La teoría de información
era debatida, para los fogosos 1970s de Lasser, más en terrenos
ideológicos que matemáticos. El autor, que prefiguró
lo digital como el lenguaje del futuro, había relacionado
ese mundo de bits con la escritura interna de la RG. Para usar nomenclatura
de su maestro, con la impresora que plasma los fenómenos
del mundo en la vida misma. Claro, Lasser fue fundador y luego disidente
de RG Este, más medicinista que la californiana. Llega hasta
afirmar que “la memoria puede ser puramente energética”,
residente en ondas, en fotones, en formas de energía que
prescinden de la particularidad. Esto enfrentó un poco a
los fundamentalistas que acusaron a Lasser de dejarse llevar por
tentaciones paranormales. Lasser
también potenció el concepto de la RG como “máquina
del tiempo”.
—
¿Se puede viajar en el tiempo? – le interrogó
un periodista en 1973.
— Claro que sí, pero no se viaja física sino
informacionalmente. Las pruebas iniciales de hipnosis eléctrica
nos han sorprendido. Un voluntario egiptólogo, por ejemplo,
describió una urna egipcia. Luego de intensa búsqueda
se encontró la pieza en un museo europeo. El hombre logró
dibujar todos y cada uno de los detalles de aquél sarcófago.
— ¿No lo habría visto antes?
— Si usted conociera ese sarcófago no me haría
la pregunta. Estuvo día y medio describiendo al menos la
mitad de los 2 mil detalles que caracterizan la urna de piedra.
Y eso está ocurriendo en este mismo momento en decenas de
lugares del mundo, con dinosaurios, antiguas batallas, los rostros
de la historia.
— ¿Es cierto que han resuelto el asesinato de Kennedy
gracias a un descendiente de Lee Harvey Oswald que conectó
con la cadena retrospectiva que su bisabuelo?.
— No, no sabía nada ¿dónde publicaron
eso?
Como
se puede apreciar, Lasser era un entusiasta de la RG, un militante.
Nunca escondió que las implicaciones para el conocimiento,
en su visión, eran ciertamente terroríficas y pondrían
a los moralistas en ascuas, pero tampoco insistió mucho en
ello y se centró en los factores positivos. Por ejemplo,
algunas herencias genéticas serían informacionalmente
más convenientes que otras. Imagine un examen en la Universidad,
física teórica, la relatividad. Un alumno estudió
mucho, pero sus antepasados prefirieron los deportes. Otro, que
se emborrachó ayer y antes de ayer, es descendiente de Einstein
y capta en su genoma la explicación de su antecesor a ese
específico problema. Adiós mérito, adiós
búsqueda de conocimientos. Interrogado por un estudiante
al respecto Lasser exclamó: “Sortogenético”,
lleno de “suerte genética”...
LOS
MORALISTAS EN ALERTA
Claro,
a los moralistas lo que más les aterra es que los niños
conecten, porque podrían ver todas las perversiones sexuales
de sus antepasados. Como cabe suponer, ha sido el sexo la verdadera
fuerza motora del crecimiento del RG mundial. Lo dijo Fabricio Lollordo
en su “Moral RG”: “La vulgar búsqueda de
pornografía tridimensional producida en los últimos
cinco mil años”. Les alentaba la falta de resultados
medidos, ya que las conexiones voluntarias no habían ocurrido
todavía, aunque sí en forma aleatoria, con patrones
desordenados pero íntegros, en adultos con cocientes intelectuales
superiores a 120. Los niños estaban todavía lejos
en 1960 o 70. Ah, pero ahora... al decir de Lollordo, “que
ya nacen con los ojos abiertos y balbuceando. Las técnicas,
ustedes saben, acelerarán el proceso y seguimos [los moralistas]
pensando que pronto los púberes y adolescentes estarían
viendo mujeres desnudas desde Sumeria hasta el presente.”
Mientras tanto miles de adultos probaban infructuosamente conectar
para vivir el erotismo sin fin que contenemos. La
RG impactó todos y cada uno de los terrenos morales. “Esta
disciplina implica una disminución de la cotización
de la reencarnación en la bolsa espirituosa del mundo”,
afirmó el famoso católico cientificista Jean Matti
a finales de los 80. Para él y otros estudiosos de lo paranormal,
la reencarnación existiría, “pero dentro de
la propia vida y sólo allí, para cada individuo”.
Cuando se experimenta esa impactante y terrible presencia del Bicorne,
ocurre una reencarnación, pero no de cuerpo, sino del pensamiento
de un testigo presencial de hace más de dos mil años
a nosotros. Hubo,
como siempre, escándalos religiosos y uno en particular enfureció
al mismísimo Jean Matti. Un disidente venezolano, excomulgado,
a quien llamaban el “Monje Loco” se aventuró
a decir que las visualizaciones y experiencias místicas eran
la salida repentina, por emociones de fe, de datos RG que registraron
martirios de santos, grandes actos de fe y –más polémico—
al mismísimo Jesucristo. Isabella
Dun, la gran traductora de los poemas surrealistas de un Shahartan
senil, afirmaba descender de Santa Cecilia y que ésta le
susurraba al oído algunas frases y oraciones. Para el Monje
Loco, muchos sin saberlo tenían en su genoma esas imágenes,
de Cristo mismo o de Buda si fuera el caso, y surgían como
iluminaciones porque eran testigos del resultado pero ignoraban
la casuística. La iglesia atacó al Monje Loco aunque,
por supuesto, no pudo excomulgarlo otra vez. Se
abusó de la RG y los sicólogos “encontraron”
la causa última de muchas enfermedades humanas. Las adicciones,
por ejemplo, son una sobreimpresión de la experiencia enfermiza
en el genoma, ello es, el placer de la satisfacción etílica,
sicotrópica o de cualquier índole. Imaginemos los
argumentos en la corte para liberar a un asesino o para justificar
una infidelidad. Fueron decenas de teorías, en su mayoría
fraudulentas, acerca de cómo viajar a lo largo de las cadenas
retrospectivas. Para Lasser era posible el viaje en el tiempo hacia
el pasado recóndito, aunque no diera mayores detalles sobre
sus características y método (murió hace cuatro
años, a los 88 años). Otros se han apresurado a postular
sus respectivos sistemas, el mismísimo Monje Loco tiene un
largo ensayo dedicado al “deja vu”.
NOTA
AL PIE DEL DESIERTO
Una
propuesta muy popular es la de Tito Córdoba, un médico
mexicano adscrito a la escuela californiana, que utilizó
peyote para estimular los retrocesos. Si bien él y sus discípulos,
voluntarios en experimentos que se realizaban en pleno desierto
de Sonora, basaron en la exacerbación de la conciencia este
intento de conexión, sus conclusiones son sorprendentemente
lúcidas (¿una paradoja?). Para
Córdoba, a pesar de la exactitud de los contenidos, hay una
inevitable manipulación por parte de quien viaja. El espectador
de Alejandro puede mover su cabeza a los lados y ver girar el cuerpo
del emperador, en una simulación o reconstrucción
puramente cerebral. Lo que halló el mexicano en sus experimentos
es que el “retrotraído” tiende a involucrarse
inevitablemente en la escena que vive, sobre todo por las sensaciones
prestadas. “¿Se
puede cambiar el pasado?”, le preguntó un reportero
a Córdoba. “Sí, pero es una ilusión que
depende del grado de deformación en la transmisión
[delta cero, en nomenclatura RG] o en la mismísima vivencia.
Con decirle que uno de mis alumnos, en plena nota, dijo que “no”
en su boda (ocurrida tres años antes) y yo mismo intenté
asesinar a Pizarro apenas puso un pie en México”. Mas
no importa cuánto se insista en cambiar lo que ocurrió,
todo recobra al momento su curso original y así el alumno
sigue casado y el doctor en un México hispánico. Paradójicamente,
la
consecuencia más conocida de la teoría cordobiana
es el alucinógeno “peyotín”, un compuesto
sintético que se mezcla con cigarrillo o tabaco y emula al
cactus sagrado en todo tipo de ambientes, desde ancianos “new
age” de Miami, escolares en Holanda o buscadores espirituales
del Tibet. La DEA norteamericana estima que dentro de cinco años
el peyotín igualará en volumen lo consumido en cocaína
y ácidos. Shahartan
ciertamente habló de los estados alterados de la conciencia,
pero jamás de estimulaciones biológicas sino, más
bien, externas y tecnológicas. Léase: la hipnosis
electrónica. Se lograba con una combinación muy compleja
de tecnología e inyecciones de drogas, en este caso legales.
Shahartan dejó estas consideraciones a medias y ya sabemos
bien de su auto-exilio del mundo científico, en los cincuentas
y su oscura muerte hacia mediados de los 1960s. A
cincuenta años de su formulación inicial, el Instituto
Politécnico de Toulouse, Francia, logró por fin desarrollar
un sistema completo y funcional de hipnosis electrónica.
Consistía en electrodos que se insertaban sutil pero físicamente
en el cerebro, un escáner cerebral 20 veces más sensible
que los convencionales y una miriada de pequeños agentes
microscópicos que se inyectaban al voluntario, junto a una
nueva droga llamada “Eregón” que predisponía,
según sus creadores, la conexión y proyección.
Los
franceses comenzaron a levantar datos por demás enigmáticos
y fascinantes, todavía muy poco disponibles al público.
Los norteamericanos añadieron una posibilidad muy sugerente:
la grabación de los contenidos atávicos en medios
externos, en soportes de cristal sintético para luego verlos
y escucharlos en estéreos y televisores. Todas las grandes
industrias querían su tajada en el que, según la revista
Fortune, será un negocio “cinco o seis veces mayor
que la computación personal misma”. Pero
¿pueden registrarse los contenidos (al menos los simples)
en un medio magnético? Se ha avanzado mucho en la traslación
de data RG a discos duros, por medio de una compleja digitalización
llamada RG binario, desarrollada en el Valle del Silicio a mediados
de los ochenta. El grupo de jóvenes que lo trabajó
logró cotizaciones inimaginables en la bolsa Nasdaq, luego
quebraron y ahora son otra vez una “powerhouse”. Sus
resultados preliminares ofrecen contenidos impresos, capaces de
ser manipulados por computadoras. Lamentablemente los resultados
eran pobres, las imágenes muy difusas, los sonidos casi inaudibles...
pero había algo. El espíritu científico (¿o
sería el mercantil?) tenía una gran fe en el desenvolvimiento
de la RG en estos ámbitos. ¿Una prueba? El ArgoNator
1.0, que venía con unos chupones y cables que se colocaban
en la frente y otras zonas de la cabeza para conectar y, supuestamente,
proyectar. Hasta ahora sólo produce unas líneas coloreadas,
de los cuales el software hace todo tipo de análisis. La
revista Fortune prevé películas y canciones ancestrales
sacadas del genoma y luego amplificados, editadas y mejoradas en
computadora. Una fábrica infinita de clips de video, fotos
y sonidos, todo en 3D. Uno mismo como fuente de ¿entretenimiento?
No
podría mencionar siquiera una pequeña fracción
de las miles de implicaciones que la RG tiene para el mundo. Los
primeros resultados se esperan, según sus "profetas",
entre cinco y diez años. Todo lo demás han sido ligerísimos
atisbos o puro y simple fraude. Porque ¡vaya que lo hubo!
Y la desilusión de los engañados, los frustrados o
los impacientes tiene mucho peso en el escepticismo que profesa
tanta gente hacia la RG, por no hablar de un franco desprestigio.
Pero, afirman los entusiastas, los resultados hablarán por
sí solos y la disposición y la fe de otros tantos,
hacen que la RG esté todo menos acabada. De hecho, todo lo
contrario.
ENTRE LA ERUDICIÓN Y EL MERCADEO
Por
eso y por más, la RG ha sido relanzada. Se creó el
Instituto Mundial de RG, unión de las instituciones dispersas
en América, Europa, Asia y ahora Australia, sacudida por
el entusiasmo “erregético”. ¿Han oído
sobre el “canguro RG”? Hay unos 5.200 sitios Web alusivos
al tema. El 22 de junio se ha declarado Día Mundial RG. En
el Epcot Center de Disney World hay un pabellón sobre la
disciplina, con un muñeco electrónico de Shahartan
y un telescopio oscilante que apunta al corazón y luego a
la cabeza. El muñeco repite su celebre frase: “La RG
consiste en ver panorámicamente lo muy pequeño”.
Lasser viste una bata blanca y se lleva los dedos al mentón.
Arriba, un maniquí de Córdoba pasa volando, montado
en un cáctus-caballo, sobre la estructura de plástico,
para dramatizar sus arrebatos sicotrópicos. Hay
un nuevo gurú. Hindú también, radicado en Brasil:
Majá Vishnú, un brillante empresario que había
llevado la magia del software de su país al coloso suramericano,
con resultados todavía tibios. Vishnú, llamado coloquialmente
“Majinho”, sin embargo encontró una oportunidad
en la RG. Creó
la Escuela Operativa de Bahía, orientada a la autoayuda.
La RG se hacía pop y comenzó a reclamar atención
de las masas agobiadas por el estrés. Majiño (españolizado),
sin ninguna experiencia médica comenzó a atender gente,
convertida luego en pacientes. Las filas humanas comenzaron a acumularse
frente a la sede de la EOBA en Río de Janeiro. Pronto se
hacía imposible ver a Majiño el mismo día,
de modo que se tomaban números. Luego hubo asistentes que
daban cuenta de la masa, mientras Majiño operaba desde su
oficina en el último piso, si no estaba viajando entre Río,
Nueva York y París. Ahora
bien, sería una gran hipocresía hablar del espectacular
crecimiento reciente de la RG sin mencionar la pornografía.
Lamentable, pero irremisible. Majiño mismo dio el primer
paso, con su célebre “Panacea sexual”, un best
seller tan exitoso como criticado. Lo
que pasó luego desbordó toda predicción. Se
produjeron “cascos casquivanos” (un dispositivo que
recubría la cabeza y conectaba con el atavismo erótico
del usuario); preservativos alusivos; ungüentos que conectaban
o aceleraban (no sé cómo realmente) y decenas de “métodos”
cada uno más extravagante. Incluso, se descubrió después,
la propia EBOA de Majiño publicó un libro bajo un
seudónimo que proponía el “Kama R Sutra G”
y mostraba en exquisitas ilustraciones miles de posiciones, incluso
grupales. Hubo
también extremismo religioso. Uno muy famoso: Aarón
Evans, pastor evangélico que abrazó la RG como la
verdadera Biblia y se desligó de la cuestión material,
nada que ver con asuntos humanos. Evans caminaba entre la multitud,
tocaba al azar a una anciana, le colocaba el pulgar en la arrugada
frente, cerraba los ojos y “conectaba”: “Mi querida
dama, Saraí esposa de un guerrero santo el día que
cayeron las murallas de Jericó”. Y aquella gente lloraba
de alegría, sin contar la anciana que casi se quedaba en
el sitio de la emoción. La
memoria total RG es y se mueve en un espacio tridimensional. Si
a eso le sumamos las memorias prestadas, podemos imaginar auténticas
reconstrucciones, tan reales, que nos harían testigos presenciales
de una escena incambiable. La absoluta delicia de un voyerista.
Del
sexo, como suele ocurrir, se pasó a todo lo demás:
al derecho, a la medicina, a la educación. Los grupos conservadores
fueron particularmente beligerantes sobre el tópico “conocimiento”.
Para muchos se abría la puerta prohibida, el árbol
del saber. Sus meras perspectivas daban miedo: acceso cara a cara
a un pasado tal cual fue percibido por nuestros antepasados e impreso
en nuestros propios adentros.
EL VALLE INUNDADO
Lasser
tiene una metáfora interesante, que muchos atribuyen a un
intento de unificar las escuelas este y oeste de la RG de los 1970s.
Ha sido llamada “el Valle de Lasser”. Pide imaginar
un lago gigantesco, encallado en colosales planicies. Su agua guarece
trillones de algas, plancton, microorganismos, peces y todo lo acuoso.
Muchos kilómetros, más abajo, hay un valle alargado,
alrededor del cual recorremos aldeas dispersas, unas pobladas y
compactas, otras caseríos y a veces casas dispersas. Bien,
las paredes que flanquean el lago no son regulares, ni tienen la
misma resistencia, de modo que algunas se resquebrajan, otras son
más bajas, la superficie del lago se escancia a través
de su ladera y miles, quizá millones de ríos y riachuelos
se cuelan hasta el valle alargado, llenando su base. Así
se mantiene la vida en esa franja vegetal, frondosa por demás.
Somos
las pequeñas casas que flanquean la masa de agua; la laguna
a lo largo de la hondonada es la memoria colectiva con inconsciente
y todo. El lago en el tope de la montaña es la RG y Lasser
proponía, nada más y nada menos, una “peregrinación
[yo diría alpinismo] hasta el inconmensurable cráter
lacustre y una espectacular zambullida en el agua”. Ese encuentro
con el océano primigenio era la liberación, para algunos
y el acabóse de la civilización tal cual la conocemos
para otros. Podría
hablarle por horas de otros tópicos, como los conflictos
éticos que se han planteado en foros internacionales, sobre
la privacidad de los muertos y el uso indebido de información.
También podría mencionarles las películas y
telenovelas que se han producido sobre el tema. O la teoría
de la “auto-educación”... Pero concluiré
con el debate esencial de la RG.
Porque
actualmente hay dos corrientes dominantes de la RG: la “RG
portálica” y la anti-RG. Se considera a Fabio Pollenta
como el máximo representante de esta última. Sus escritos,
más que análisis o ensayos, son proclamas: “Alerto
para que –por favor- se unan al ejército clandestino
e injustamente desprestigiado de la anti-RG, en sus casas o en nuestros
escondites, se los pido, tenemos que hacer algo para salvar la humanidad.
No es un clamor moralista, vaya si no lo soy. Es una simple inferencia
científica: la RG funciona y, cuando sea popularizado su
uso, liquidará la fina capa que envuelve la individualidad.
Será cuestión de pocos meses hasta que una auténtica
locura colectiva nos transforme, literalmente en zombis aplastados
por una lucidez que no podremos controlar.” ¿Quiere
visualizar lo que Pollenta prefigura? Imagínese abrir un
túnel desde el valle de Lasser que, sin saberlo, perfore
el lago y desate sus miriadas de toneladas acuosas, arrasando todo
a su paso. El finado “Mariscal Tolio”, fundador del
movimiento mundial pro destrucción de la RG, hoy en la clandestinidad,
calculó que el curso natural de escalar la montaña
y sumergirnos en la RG es de varias generaciones. Imagínese
abrir esa compuerta de golpe, que es a donde apuntan todos los movimientos
actuales, geneticistas, médicos e incluso siquiátricos.
Pollenta, el más conspicuo seguidor de Tolio predice que,
de concretarse la tendencia actual, empezaremos a tener problemas
tan cerca como en tres años. Dice
Pollenta: “Por eso redoblamos nuestros esfuerzos en un movimiento
incipiente, pero ya internacional. Con logros modestos mas visibles.
Luchamos contra un enemigo que lo tiene todo: exactitud en lo que
plantea, poderoso desarrollo científico casi anónimo
y una banalización que lo protege como un escudo. Cuando
exponemos la terrible amenaza que constituye la RG las autoridades,
medios y audiencias nos acusan de paranoicos propagadores de teorías
conspiratorias.” “Ojalá
lo fuéramos”, se contestaba a sí mismo. “Seríamos
unos “loquitos” inofensivos. Pero lo que predicamos
es inminente y será arrasador, no podremos aguantarlo. Al
principio incluso parecerá emancipador y bienvenido, pero
cuando las neuronas de la raza humana empiecen a sobrecalentarse,
a ser cada una lo que antes era el cerebro completo... entonces
comprenderemos cuánto tiempo habremos perdido.”
Pollenta
es un hombre prematuramente envejecido, como cansado de predicar
sin los resultados que Tolio hubiera querido para su movimiento.
No obstante, es un luchador incansable. Últimamente su pesimismo
no puede ocultarse, como evidencian estas palabras dichas en una
conferencia: “Y saben qué, según mi propia prospectiva,
no nos dará tiempo porque la RG se revela cada día
mientras que su posible peligro se diluye. Tomará al mundo
por sorpresa, tan descuidado como está en descubrir cuál
será “la próxima gran cosa”. Todo acabará
cuando los niños nazcan “erregizados”, ello es,
con toda la carga de contenidos o buena parte de ella y sin los
instrumentos y el aprendizaje para entenderla. Será devastador,
justamente como el lago completo que despedaza la cordillera que
lo sustenta y se viene abajo.” Si
bien muchos no tomaban en serio la RG, ese desinterés protegía
la disciplina en su indetenible desarrollo y arraigo. La destrucción
de la sociedad, por el colapso colectivo de la memoria, se acercaba
irremisible, fatalmente para la ARG (siglas en inglés de
la Anti-RG Movement). Pero nadie lo sospechaba, porque parecía,
sencillamente, una moda más, una ola como el aprendizaje
dodecaédrico, la dieta fotónica o la ecología
del entorno. Una corriente de tantas, mañana olvidada. Concluye
Pollenta, desolado y luego insuflado de un nuevo entusiasmo: “Nuestra
pobre aldea quedará arrasada. Por eso lo invito a usted,
pasivamente sentado en un sofá, viendo pasar la vida sin
sospechar que pronto el flujo se detendrá y, por lo menos
los humanos daremos paso a los insectos como especie dominante,
sí, a usted, a que se levante y ande a rescatar nuestro futuro.”
Las
actividades de la ARG son calificadas por muchos como terroristas
(bombas a centros de investigación de RG, atentados contra
científicos, saboteo a sitios Web de la disciplina). Por
eso operan en la clandestinidad y se dice que tienen relación
y apoyo de grupos francamente ilegales, como el IRA irlandés.
Pollenta replica: “El fin justifica los medios y aquél
es, precisamente, evitar el fin”. Evitar el fin como fin,
buena frase. Por
eso se califica a la RG como “proceso definitorio de la evolución
humana”, la macrotendencia más influyente. Quienes
no creen se ríen a carcajadas de estas “exageraciones”
por no decir “delirios”. Pero hay gente que no sólo
toma con total seriedad la RG, sino que da su vida por ella. Para
destruirla, como Pollenta o para cristalizarla, como Isabella Dun,
autora de fama mundial que hizo como pocos en predicar la nueva
palabra. Sus
libros tenían la rara combinación de erudición
y capacidad vulgarizadora. Esta mujer había estudiado profusamente
la obra retrogenética y había ayudado a descifrar
algunos pasajes del Shahartan último, colapsado por la senilidad
(luego se supo que fue Alzheimer) pero que “contenían
claves importantes”. El viejo pionero había terminado
escribiendo poemas muy herméticos, un idiolecto que permaneció
sumergido por años en la oscuridad. Incluso desechado por
incoherente, por poesía automática. Hasta que llegó
Dun y “descubrió” que esas misteriosas estrofas
proclamaban el advenimiento de una nueva era.
Para
Dun, las líneas de un Shahartan con Alzheimer
Ayer
vi... vida, frío, aire, cosmos, tierra, fuego...
Sangre, muerte, calor; atmósfera primitiva y centro, cielo
e hielo.
Ayer vi una ráfaga, un cometa...
¡No! Era una ballena que volaba vomitando fuego en cuatro
direcciones:
norte, norte-sur, sur-norte y norte-norte.
Se dividía en ochenta partes y se unía en un millón
de roturas.
Significaban
“La
RG liberará al ser humano”.
El
verso, más adelante en el mismo poema
Ayer
vi un sol rosado pero férrico.
De calcio pero con lava gaseosa.
Me dijeron que un buey académico jamás podrá
estornudar
ocho cuatrillones de veces como una tristeza galáctica
Quería
decir
“La
RG es irremisible”.
Y
la conclusión de la pieza
Ayer
vi a un tipo que tocaba una guitarra de humo
y decía que los cachalotes de Tranquilovaquia
no dan leche sino queso rayado.
¡Lo veré mañana! Un millón de veces y
partes de veces...
Era
sinónimo de
“Móntese
en el tren de la RG”.
De
resto, Dun esencialmente habla de “la puerta”, por eso
a sus seguidores se les denomina “portálicos”.
Es decir, la liberación, las famosas “puertas de la
percepción” de Blake, acaso la comprensión no
contradictoria de los opuestos de Breton. Sea lo que sea, el non
plus ultra de los logros intelectuales, la conquista de una búsqueda
de conocimientos que se inicio hace más de 30 mil generaciones.
Para
el movimiento portálico, objeto de buena parte de las acciones
subversivas de la ARG, la consumación de la RG ocurrirá
pronto y cambiará la historia para siempre. Podremos ver
esa Historia cara a cara, con sus cumbres y sus miserias. “La
bajeza humana será evidente”, al decir de Dun. Y se
vislumbra, por tanto, el surgimiento de una nueva era de lucidez
sin igual, de niños que nacen con la "biblioteca abierta",
de inteligencia que acaso saboree la sabiduría. Estamos
a las puertas de la dilucidación del dilema, una cosa u otra,
pero no la intrascendencia que mereció la RG en sus primeros
60 años. ¿Qué ocurrirá? El autor de
esta crónica es tan ignorante del futuro como sus lectores.
Únicamente puede prever que alguien reportará cualquiera
sea el desenlace. Y fuentes no faltan: a ambos grupos les gusta
contar lo que hacen.
Vuelta
a Fernando Núñez Noda
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