Desde
el espejo del baño
Hernán Zamora
Fragmentos
PRELUSIÓN
Nadie
puede sostener una mirada entre sus manos. Nadie. Por más que insista
en la pregunta, por mucho que persista en hurgar la memoria con
los instrumentos que nos otorga la nostalgia. Nadie podrá, jamás,
detener el efímero presagio de una vela que se consume iluminando
las imprecisas líneas de una mano, herida bajo el celaje de la noche.
Se ocultan huellas, cómo no habrán de ocultarse sonidos.
La lira de Apolo permanece olvidada al pie de una sombría
encina, no hay presencia que logre llegar hasta ella para arrancarle,
con ternura o con rabia, las últimas imágenes de aquel hombre, que
se fue persiguiendo los rastros de la sal en un río que nadie sabe
dónde termina. No hay aquí, entonces, miradas. Sólo el circular
movimiento de una mano sobre un espejo empañado. Un recinto donde
el vapor no cesa y la respiración se convierte en un esfuerzo agotador.
No hay aquí acordes ni cantos, apenas, palabras. Palabras que sólo
pueden confirmar la veraz inexistencia de nadie, tras las huellas
de una imposible certidumbre. Sólo el miedo está intacto. El miedo.
Y algunas gotas de agua condensadas en la frente de esa sombra,
que aún no se logra levantar.
Presencio
una encarnizada batalla
quien-soy
contra
quién-soy
sin treguas
sin sangre
sin cruce de espadas
Sólo
un
silencio ensordecedor
AUTORRETRATO
Una
línea dibuja el vacíose
curva frente al olvido
contiene
los rasgos mortales de la memoria
Otra
línea se sumerge hasta el fondo de los ojos
busca
lo inasible
lo que nunca ha estado
lo perdido
se
hunde en esa luminosa arena
de
la que se hacen fuegos
y lagartos
Fluye
horizontal una tercera línea
hasta aquella presencia azul de tan lejana
escurridiza certeza entre las manos
fluye
aún entre la piedras rueda
cantos
moja tierra y pie
rostros sombras
en
su vientre un dragón sueña
un puente que no alcanza las orillas
una palabra presa en las telarañas de un antiguo corredor
La
cuarta línea está de punta
parece
inmóvil
en torno a ella giran
unos niños que juegan a la ere
comienza
a ras del suelo y no sé su nombre
nadie sabe de qué está hecha
hacia dónde va.
otra mañana se alboroza cuando trepa entre
las ramas
los mismos obreros vuelven a desmontar
el mismo encofrado
ruedas piernas y motores
se cruzan diariamente por las calles
Todo
parece continuar igual
los despojos de aquella noche interrumpida
se han desdibujado
y el eco de promesas fracturadas
no ha dejado rastros visibles en el aire
Todo
se anuncia igual
pero
nada permanece
en
su sitio es decir dentro de mí
o
dentro de ti tal vez
aunque
en ti todo es adentro y todo es afuera
todo
es luz y sombra sólido permeable
ausencia memoria
resguardo y olvido
Todo
eres tú
y
yo
oculto en las aceras
soy
la sombra avergonzada
de
un errante
tránsfuga del tiempo que me muerde
incapaz
de mencionar tu nombre
sucio
como estoy de toda culpa
cubierto
con andrajos de mentiras
y
adicto al miedo
ese miedo áspero de forma
que
sostiene todo igual
igual
como si nadie nunca hubiese despertado
agazapado en las retinas
Pantera
herida tras las rejas
de mis propios sentimientos
Bestia
ululante hecha de furia y ruego
sigilos
torpezas
orgullo y terror
Quizás
nada permanezca sólo yo
ciego de tanta certeza
inútil
de comprender que todo continúa
igual día tras día
para
que reconozca tu aliento breve e infinito
como
tu nombre
Dios
Temo
que no pueda soportar tu compasión y me deshaga
después
de todo sigo apegado a
esta vida que me diste
por eso tengo miedo de tus ojos
por
eso temo que al buscar
un
rostro limpio
sólo
halles en mí la cicatriz
que
tu palabra
bendita
me dejó
en las comisuras de los labios
Todas
las mañanas me asomo a la ciudad
extiendo
mi mano buscando algún rastro de lluvia
extraviado en la madrugada
algún
resto de sueño
negado a despertar
Aunque
todo parece permanecer
siempre algo revela
una diferencia
un mínimo despojo
un imperceptible amago de renuncia
después
de todo
el rito matutino consiste
en desvestirnos la noche
La
inexplicable insistencia
de caminar descalzo
sobre un suelo silencioso
cuando el día despierta
requiere de una bizarra disposición
sé
que
al llegar a esa íntima ventana
hallaré
sobre la vista que contemplo
otro surco que presagia
el advenimiento
de una noche inexorable
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