| Luba
1988
Jacqueline
Goldberg
Fragmentos
I
tomo su herencia
de edades en quiebra
los oficios tristes del abandono
sus
muertos
II
más ebria y más sola
sufriendo viajes incompletos
distancias que no resisten otra calle
su puño agotado
su país ardiendo
III
diálogo de pasillos diurnos
raíz
memoria que soy
IV
casi deja su tiempo
en esa casa que nombra en voz baja
mordida por un quejido de gases
una madrugada difícil
V
esa frontera larga y desnuda
que la atravesó
su
recuerdo
su patria de trasnocho
VI
no habla de las primeras ventanas
que desnudó su fatiga
para
ella todo es escombro
tiempo de elegidos
VII
cambia de sombra
para obligarme a padecer
una herencia a la que sólo se pertenece a ratos
con el cuerpo a cuestas
intentando siempre un segundo desvelo
una
estancia en otro lado
VIII
una aldea cambiada de frontera
muchachas escondiendo el deseo
en sus faldas largas
un
poco de sombra
un poco de miedo
y
Luba atrapándose en un retrato
bella
sola para siempre
IX
vino de muy lejos
sus
ojos arrastraban
una fuga de pieles y derrotas
X
busca el tiempo
en que perteneció a la tierra
se
deja llevar de un labio a otro
sorprendida ante su eternidad
XI
golpea
se mira y llora
duelen
las heridas húmedas
el espacio en que se respira
XII
alza el viejo candelabro
repitiendo las plegarias
de nuestras fiestas más temidas
hunde
en su frente el amargo pudor
de haber sido una extraña
sitio de gloria
muro
ceniza
XIII
comprendería ese desvelo
que le inventaron al otro lado del mundo
esas casas de regreso
esperando por quienes no admiten otra muerte
XIV
detenida en las puertas más temibles
esperaba una carta
un desafío
su
eternidad
XV
esta noche no intentaremos recordar
se
abrirán sombras
bocas de duendes
caerá el alboroto en la mordedura de sus pájaros
estaremos
felices
arrepentidos
XVI
duelen estas ganas de luto
de
amanecer recogiendo plumas
en patios ajenos
ganas
de ser ella
XVII
ni acercarme
ni consumar en mi lengua
los pecados de su historia
me
hago a fuerza de extenderme
por donde nadie pasa ya
me
vigila un párpado
un monte
una mujer de sal
XVIII
me asusta la sangre de gallo
espantando espíritus
la
condena indecible de su memoria
la
pertenencia
XIX
soy oficiante de sus incendios
sábado merodeador
que no se asusta ni grita
viajo
en sombra
recorro los techos de sus pesadillas
mi palabra no logra detenerse
ando
de cicatriz en cicatriz
buscando algo que nos duela
XX
sus retratos persiguen en mi carne
un poco de esa edad discreta
en que solíamos parecernos todas
bellas
con la única mancha que deja el deseo
acostumbradas
a sostener cualquier guerra
en lo más terrible
lo más amado
XXI
suenan lejos los pasos del padre
que la vio vuelta océano
mintiendo
para no asistir
a su fatal ebriedad
XXII
me acerco a su lengua dolorosa
amaso
un discurso de puertos extranjeros
casas abandonadas al borde de lo presentido
XXIII
hay un sitio atado a su carne
sitio de temblores
y mujeres felices
donde
nada recuerdan
XXIV
Luba asiste a cuanto soy
detiene sus raíces
sufre
de nuevo
Vuelta
a Jacqueline Goldberg
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