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Eleonora Requena

Vuelta
a Eleonora Requena

Sed
Eleonora Requena

Artículo

EL UNIVERSAL - 21 de marzo de 1999

Sed
Eleonora Requena
Grupo editorial Eclepsidra
Colección Vitrales de Alejandría


Graciela Bonnet

Llevo tiempo con la intención de reseñar este poemario, pero quizás, el minucioso trabajo realizado por su autora, ha pospuesto mis impresiones en aras del asombro. Leo y releo el poemario y no dejo de saborear una deliciosa satisfacción. Es el libro, no podría hablar de poemas separados, la estructura sólida de un muro, o mejor; la arquitectura trabajosa de un bosque que ha ido creciendo desde sus formas diminutas hasta una intrincada masa de raíces y de hojas, cerrada en su conjunto, sin que ni un leve rayo de luz le robe proporción. Sólo que las raíces ocupan el lugar de las ramas y finas nervaduras se extienden de un árbol a otro.

Cada poema se corresponde en estructura con el siguiente y el anterior, tenemos rimas internas, y el nombre de otras cosas para decir éstas.

Menciono ese desarreglo de lugares y de cosas en vista de que la composición de los versos luce quebrada, pero en la lectura se descubre que aquella quebradura es intencional y descorre el velo de otra realidad: la imaginada, la deseada, la realidad poética en fin. Y a esta composición quebrada se suma el desorden semántico, también intencional.

Pero no puedo sino recurrir a otros ejemplos para acercarme a lo que quisiera decir. Es como el cuento El aleph, de Borges: en un lugar el protagonista vió el mundo entero. ¿Cómo será ese segundo? ¿Cómo es posible esa visión? Bien. En Sed hay algo que se parece a esa imagen. Porque Eleonora menciona cosas indistintas y las trae a sentido ¿Cómo es esto?

Allí debe estar el mérito y sus dotes de mago. En la alquimia precisa, el equilibrio armónico, el medir el peso de las palabras para que formen un andamiaje exacto hasta dar con la figura que se busca. El resultado es fugaz y lo grandioso es que la mención de temas y objetos sólo alude a lo que el lector completará, de modo que el significado de la lectura es presentido primero, y luego será develado al cerrar el libro, quizás, o quizás ocurra en sueños, o quizás no llegue a ocurrir.

Esto retrotrae otra idea, muy cercana a la poesía, que hemos leído no recordamos donde, que sospechamos desde siempre y que la autora enuncia en la página diez: “te conmueves con un mínimo sonido / el soplo de la cosas persistiendo / mientras entras en la tarde / y ya es imperativa tu renuncia / entonces entiendes que callar / es el poema”.


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