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Vuelta
a Eleonora Requena
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Mandados
Eleonora Requena
PAPEL
LITERARIO - OJO DE BUEY - 17 de Junio de 2000
Es
la voz del mandado
Salvador Garmendia
"... algo que me impuse y que me mandaron a hacer, es un
proceso lento, porque a veces no sale nada.
Es antes que nada una necesidad".
Eleonora Requena
"Mandados"
El
sábado 3 de junio, día de Papel Literario, estuve
cambiando impresiones con dos amigas escritoras, sobre los poemas
de Eleonora Requena, poeta, según nos informa Guillermo Anderson
en su reportaje, nacida en Caracas apenas ayer: 1968.
La
mención de esta cifra se quedó tintineando en mi cabeza.
No dije nada en el momento, pero la imagen estrábica que
se había colado en mis ideas, era algo que el raciocinio
se negaba a admitir, como no fuera desde la perspectiva deformante
de la ciencia ficción. Porque, únicamente una criatura
de laboratorio, pudo nacer, crecer, soportar el paso de la adolescencia,
aparecerse de repente en la edad adulta, amar (tal vez lo más
difícil), procrear, si fuera el caso, ser poeta (única
constancia irrebatible de que realmente se ha vivido) y hasta ganar
el Premio Pocaterra del Ateneo de Valencia; todo como el soplo en
una serpentina; mientras, dentro de la misma aparente franja de
tiempo, mi conciencia sobresaltada apenas alcanza a percibir un
solo acto regular y mecánico: la inhalación de un
sorbo de aire, una sola vez, sin haberlo devuelto todavía.
Insisto en que no puedo admitir algo así. Con seguridad,
ambas historias han tenido lugar en órbitas distintas y lejanas,
dentro del planisferio de lo real. Ella, en su elipsis, ha recorrido
un espacio prodigioso de su existencia. Treinta y dos años.
Yo, siento que he respirado una sola vez, y como cualquier otro,
ignoro si volveré a hacerlo. Así de breves e inconsistentes
somos.
Los
presentes estuvimos de acuerdo, desde escalas distintas de apreciación,
sobre el alto nivel de lenguaje que ponía de manifiesto la
autora, en los fragmentos de su libro premiado y aún inédito
(Mandados), que aparecieron en la página. Su poesía,
convinimos, es el recuento de un viaje, que se realiza por obediencia
a un mandato. La orden parte de un "submundo de ramas complejas",
según su propio decir, cuya severidad no consiente tardanza
ni distracciones. Ella lo admite sin reservas al decir: "casi
obedecí pues vivo". Eleonora conviene en que es cuestión
de familia, "ellos"; seres y fantasmas, cuyas evoluciones
están comprendidas entre cuatro paredes. Los días
de la casa son papeles rasgados, que giran alrededor de sí
mismos, dentro de una atmósfera paralizada, que continuamente
se nos aproxima y se distancia sin llegar a explicarse. El lenguaje
cuenta, cuenta por oficio, por necesidad de buscar y dejar constancia
de lo encontrado, ya fuere por azar o empecinamiento.
Sé
que ustedes querrán recordar uno de esos poemas de Eleonora,
que son una fuga en zigzag a través del limbo de la casa.
Las palabras se levantan como objetos a nuestro paso y el silencio
es la bestia arrinconada, que finge dejarse devorar, mientras se
hincha por el lado opuesto.
"La
mañana se ha pasado entre el mascar compulsivo del silencio/tramo
a tramo devorado por mis dientes cincelado puesto romo/ensalivado
vuelto a ser un promisorio campo de pastar angustias/disipar oficios
engullirme/y contemplar el espectáculo televisivo último
grito en cirugía/estética útiles consejos de
cocina sueca/desgarradores testimonios de la vida".
"Son
poemas", revela la autora en la entrevista, "que abordan
la ironía de la presunta sanación". No hay duda
alguna: el morbo de la curación viciosa, se encuentra en
los manuales de autoayuda. Cuando esa mano amarillenta deja de proponernos
acercamientos deshonestos, comprendemos que la enfermedad está
en la curación. No podremos sentirnos seguros de volver mañana,
si no estamos lo suficientemente enfermos para recuperar nuestro
lugar de ayer.
Ninguno
entre los presentes dice conocer a la poeta. Su primer libro, Sed,
editado por Eclepsidra, pertenece a la estricta confidencialidad
que envuelve a la joven poesía venezolana, no obstante el
aguerrido esfuerzo de los editores, de modo que nos atenemos a la
foto de William Dumont, sin duda un retrato digno de mención.
Un rostro atemporal, donde los cabellos intervienen a manera de
doble cortina de teatro que comienza a cerrarse sin escucharnos,
sobre unas facciones donde la ambigüedad recibe el tratamiento
de un poema. Uno de nosotros, anota con inquietante precisión:
"Parece un guerrero boyardo".
Esperamos
la pronta aparición de Mandados de Eleonora Requena, a ver
si este año endemoniado empieza a tomar mejor cara.
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