escritores venezolanos de hoy
Alexis Romero

Vuelta a
Alexis Romero

Los tallos de los falsos equilibrios
2001
Alexis Romero

Fragmentos


sinfonía para una casa


no he ordenado mi casa
los objetos han perdido su lugar

debo ordenar la casa para evitar la desidia
para que las ardillas tengan un comedero

una casa ordenada encubre las horas tristes
llena de voces los espacios demasiado amplios

una casa ordenada es una casa habitada
un recibimiento o una despedida

una casa ordenada acoge a la noche
limpia los pulmones de los ahogos finales

en una casa ordenada nadie se muere
nadie miente nadie sospecha nadie hiere

en una casa ordenada no se pudren las frutas
las auyamas son obras de arte y canalizan el tedio

en una casa ordenada los pájaros duermen
para soñar con los árboles y el aire

en una casa ordenada el orden no cansa
la pena se marcha sin dañar los enseres o la piel

una casa se ordena para los hijos de la vida
para despertar tocado por los labios de Dios

en una casa ordenada nace alguien
cada vez que se impone el descuido

en una casa ordenada nadie extraña
y la vejez es una canción compartida

en una casa ordenada Dios le teme al bostezo
nunca faltan tazas para vaciar la nostalgia

en una casa ordenada nadie es ordenado
hay plantas saludables y señales del cielo

en una casa ordenada nadie cuelga el teléfono
los hijos no dejan a sus padres ni odian a sus hermanos

en una casa ordenada
una pareja siempre se ama
fundando el mundo por primera vez


 

fuente del sentido


el sabio miraba las tetas de la joven
y gritaba con dolor lingüístico
de ellas no se saca metáfora alguna

la joven
cargada de ternura
de ignorancia verbal
le susurraba
en efecto
de ellas sólo brota la leche
el alimento de la metáfora


opúsculo sobre semiología


las familias que nacían debajo de los mangos
se mantenían dialécticamente unidas

veían con placer
la comunión del asco y el amor

así
te asco
era lo mismo que te amo

así heredamos
los ritos de la conservación
los secretos del mango



salto de conoto


perdí los conciertos que me hacían sonreír
las palabras que me revelaban manantiales
las danzas de los milagros del encanto
los silencios que conversaban sin dañar
los registros de las oraciones del fuego

he dicho esto porque recibo
las ofensas de mi engaño

denme verbos que mueran al conjugarlos
denme verbos que no funden promesas
verbos sin imágenes del cielo
ausentes de presencias

soy el salto del conoto
el cielo es un pájaro abandonado


 

nosotros no es pronombre


nos topamos
nos llamamos sintonía
a pesar de las fisuras en los deseos

nos excedíamos en coincidencias
aprendimos a conjugar
la primera persona del hundido

nosotros no fue pronombre
sino una rosa degradada por la impotencia
por la caricia incesante de tanta mirada
de tanto asombro
de tanta rasgadura de la tela

le pusimos nombres
al aliento de las estrellas
santificamos a la carne que apesta
de tanto anhelar
independientemente de su capacidad
para ser estancia de la alegría

descubrimos al oro en su reposo
en los espacios del sacrificio involuntario
donde la muerte llega primero que la vida

nosotros
no fue pronombre
sino una rosa podrida



escribo para ser perdonado


digo estas cosas para ser perdonado

elegí la ceremonia de los falsos equilibrios
acepté la vida como un perpetuo abandono

por ello me vuelto monotemático
un oficio que despreciaba cuando hablaba con mi padre
con los seres de pocas pero inmensas necesidades
con los cantos de lo necesario y suficiente

escribo para ser perdonado

no puedo crear la belleza
sólo puedo herirme para repetirla
para acercarme a ella estando distante

el oficio es repetir los secretos de Dios
las decisiones de la sombra
los bocetos de la luz insistente

repito para ser personado

recibo la magia del desencanto
una oración cargada de imperativos

he querido marcharme
he tocado la flauta del suicida
pero no sé desprenderme del tallo

escribo para ser perdonado
porque soy una mano
cargada de insuficiencias



conjeturas para regresar


fuimos privilegiados con la claridad de las raíces
con el encandilamiento de la ausencia del sol

deambulábamos por los caminos de la clausura
nos deteníamos donde se hablaba de un amor
que había banalizado las barreras del idioma de la alcoba

o de un cuerpo incorruptible a partir de una bondad
o de unas manos cuya satisfacción es la igualdad
de los adioses con las bienvenidas
o de una mujer que riega al silencio como si fuera un jardín

teníamos la memoria de las raíces
su nutritivo vigor su capacidad para vivir del descuido
de las miserias que recogemos en la arena

hablábamos con los árboles
sobre cómo nacía la rareza entre nosotros

ellos se secaban de sonido
anulando las factibilidades de nuestros pedimentos

habían perdido la oración que los salvaba del fuego
insistían en legarnos sus ramas inhóspitas

nada podíamos recibir
había que seguir de largo
sin propiedades

sin las palabras insinuadoras del arraigo
confirmando la inmudable paciencia de los suelos



el habla de la hiena


me adhiero a las piedras de la luz
soy una soledad disciplinada

esculpo monjes hincados ante el hastío
les invito a cantar en arameo
las canciones de los primeros animales

así me nace la finalidad
y me estallan las copas de la rutina
y danzo ante un fuego que contiene la lluvia

cómo se recibe el habla de las caídas
cómo adquiero la cachetada de la gracia

no sé desprenderme de mis propósitos
no sé vivir como las cuevas

soy la hiena que pide perdón
porque negarse es invocar la pureza



canto ajeno


ellos insisten
a pesar de la desolación
en hallar dentro de mí
las marcas de una ciudad perdida

insisten en ver las sombras
de las columnas de un metal
superior al oro

buscan huellas correrías
las calles y el eco de los júbilos
de ciertas ceremonias

dicen
tú no eres nadie diferente al testimonio
de esa ciudad que nos reclama

te habitamos
míranos
somos los seres del reclamo

somos la respuesta que buscas
déjanos excavarte recuperar cofres vajillas
templos cementerios y palacios hundidos en tu cuerpo

es hora de mostrarnos
de recuperar el honor
de que no cantes más por nosotros

permítenos lo que fuimos


Vuelta a Alexis Romero


principal - escritores - artículos - sobre trama - contactos
© 2003, trama